Archivos para Octubre, 2009

guerra con la gente que habla en contra de la obra?


No creo que se trate de hacer una guerra con la gente que habla en contra de la obra, yo creo que los que realmente conocemos la obra no tenemos que dar explicaciones, si aclarar algunas cosas que la gente se pregunte pero no tratar de cambiar el pensamiento de alguien que se dedica a hacer una pagina anti algo, de igual manera no me parece que se trate a una pagina sobre experiencias cristianas y sobre la obra de “estarse quedando”. Lo otro que no entiendo es en que puede dar un mano este señor que hace este tipo de comentarios. Saludos

Nico
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Guerra nunca. Aclarar ideas si es bueno para los que están equivocados o no conocen el Opus Dei.

No sé a qué te refieres exactamente. Pero allá ellos, los que hablan mal de la Obra. Si están resentidos por algo, es porque quizás no han hecho las cosas bien y culpan a los demás de sus actos.

El demonio está en todos los sitios y los que han creado esa página pues están influenciados por él.

Nico, para que cambie una persona de manera de pensar, no es tan fácil y menos si no está en gracia de Dios. Le entrará por un oído y le saldrá por otro.

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Sou Cooperadora do Opus Dei em Portugal

Ola. Sou Cooperadora do Opus Dei em Portugal e agradeço pelas grandes iniciativas que têm feito. Espero que se saiba a verdade sobre esta Prelatura, mesmo que seja, de alguma maneira, um pouco dolorosa. Temos que ser amigos com todos, mesmos com aqueles que se afastaram da Obra. Um abraço, Olga.

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Gracias Olga, todas las almas nos interesan, unas de cerca, otras de lejos, pero para todos tenemos.

Se que si he podido leer tu post podras leer el mio, sino que me ayude Rosario que es de por allá.

Saludos desde Mexico
Rogelio.

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me ha ayudado usar mejor mi tiempo

¿En qué me ha ayudado el Opus Dei?

El Opus Dei me ha ayudado usar mejor mi tiempo, es decir, tratar de conectarme con Nuestro Senor en todo lo que hago, haciendome pensar si lo que hago le agrada o no. Esto es solo una cosa. No podre escribir todo. Es muchisimo.El Opus Dei me ha ayudado usar mejor mi tiempo, es decir, tratar de conectarme con Nuestro Senor en todo lo que hago, haciendome pensar si lo que hago le agrada o no. Esto es solo una cosa. No podre escribir todo. Es muchisimo.

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Hacer en cada momento lo que hay que hacer no es cuestión baladí. ¡Se pierde el tiempo en tantas tonterías! En cambio, desde que uno aprende que puede santificarse con su trabajo, el día adquiere una nueva dimensión. Saberse contemplad@ por Dios en todo momento y que le puedes ofrecer todo lo que haces, es algo muy grande.

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Antonio González

Con frecuencia me llegan preguntas tipo “¿eres Antonio González o puedes decirme cómo localizarle?” o “¿me puedes dar el mail de Antonio González?” o “¿dónde vives?” o “¿eres del Opus Dei? o ¿eres sacerdote?” Por este motivo, aquí recopilo algunas respuestas.

antonio gonzalez

Aquí podéis ver mi foto. Me llamo Antonio González. Vivo en Madrid, España.

Nací el 05 de octubre de 1983. He estudiado Ciencias Físicas.

Me gusta el deporte, especialmente el baloncesto, la música (aunque no toda), los buenos libros y mi trabajo.

Soy católico y miembro del Opus Dei. Pero no soy sacerdote, ni seminarista ni nada por el estilo: soy un cristiano corriente, un cristiano de a pie. Trabajo a media jornada como director de un centro del Opus Dei en Madrid.

La otra media jornada la dedico al diseño de páginas web y márketing online. También trabajo como administrador de la red informática de una multinacional.

Si lo deseas, puedes contactar conmigo por // <![CDATA[
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. Además, me puedes encontrar en algunas redes sociales:

Si me escribís, os sugiero que tengáis paciencia, porque recibo más de 100 mails diarios y trato de responderlos cuando puedo. El móvil como comprenderéis, no pienso darlo, porque estaría todo el día recibiendo llamadas.

Antonio González.

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numerarias auxiliares canarias

he visto los reportajes de las numerarias auxiliares canarias. me parecieron muy pobres, pues la caracteristica de esta vocacion es el trabajo de la casa, que hace familia, que hace hogar. y que hace que las personas que en ella viven puedan traer amistades y comprueben que viven en una casa de familia.
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No sé a qué reportaje te refieres. Pero que alguien sea capaz de hacer hogar no me parece pobre, sino algo muy grande. La vocación de numeraria auxiliar es una bendición para el Opus Dei.

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La playa y una supernumeraria del Opus Dei

referencia a este hilo: Ir a la playa como cualquier persona normal

Vivo en México, tengo 26 años como supernumeraria del Opus Dei, mi marido también lo es. En lo personal nos encanta la playa y vamos cuando menos 2 veces al año. Cuando los hijos vivían con nosotros íbamos en familia y siempre invitábamos a varios de sus amigos pues vacacionar en grupo nos ha gustado siempre, la pasábamos muy bien; ahora que ya estamos mayores y los hijos, por cuestiones de trabajo no viven en nuestra misma ciudad, vamos con amigos (en parejaso con otras familias) y alguna vez invitamos a varias de nuestras hermanas (ambos tenemos hermanas solas)
En todos estos años, nunca me han aconsejado que cambie de lugar para vacacionar o descansar; realmente me extraña que te hayan dicho que un miembro de la Obra no puede ir a la playa. Somos gente normal, común y corriente; nos encanta la playa, meternos al mar y nadar y/o asolearnos si el clima lo permite.
Ciertamente en La Obra, solo me aconsejan sobre mi vida espiritual, pues como decía el fundador, en las cosas materiales cada uno hace lo que su criterio, gustos, aficiones, y como el fundador afirmaba, si lo que uno hace no ofende a Dios…., en lo opinable, cada quien haga lo que le plazca

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Apostolado y tecnología

Notapor Luis F. Velasquez » 23 Sep 2009, 19:19

Hay un tema que tengo dando vueltas: El apostolado y la tecnología. Si San Pablo viviera hoy, además de hacer lo que hizo, tendría mail, blog, podcast, disco virtual, foros, estaría en youtube y mucho más. La gente joven piensa en eso en tecnología. Sin embargo estamos dejando una buena tajada del mercado. Hay un buen número de personas que padecen el analfabetismo tecnológico. Unos absoluto, otros leve y muchos quisieran poder recibir cosas que los acerque más a Dios.
Este analfabetismo tiene que ver con el desconocimiento del uso de la tecnología. Muchas de las personas de edad media y mayores, son alérgicas a todo lo que tenga tecnología. Es un hecho que cada vez más las máquinas van siendo parte de la vida real. Este desconocimiento y esta fobia evitan las posibilidades de crecimiento en nuevas áreas al impedir el uso de muchos recursos y dificultar los nuevos procesos de comunicación.
Yo he buscado llegar con:
1. El apostolado de la fotocopiadora y de la impresora
2. El apostolado del correo, como muchos usando PowerPoint, pero si decir que si no se envía a tantos vendrá una desgracia
3. El apostolado del foro
4. El de el disco virtual
5. El de el blog
6. El del podcast y ayer con mi esposa empezamos
7. El del Cd.
Hay personas que saben oír un disco. Mi señora me pidió que le diera unos discos para dárselos a sus amigas del círculo (medio de formación del Opus Dei) y saqué unos con audios de Hablar con Dios. Felices y receptivas, no asustada ni nada parecido. Una amiga, a quien antes le habíamos dado algo, al recibir el nuevo, nos contó que el otro la había duplicado n veces y que la gente recibía muy bien esto. Quiero abrir este tema sobre apostolado: acercar genta a Dios, Él a cada quien irá mostrando su camino.

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FELICIDADES

Felicidades a tod@s l@s miembros del Opus Dei porque hoy hace 7 años de la Canonización de San Josemaría. Teneis un GRAN SANTO en el Cielo. Hoy es día de acción de gracias.¡¡¡ Felicidades !!!

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Muchas gracias a todos por vuestras feliciatciones,  se agradece sobre todo vuestra oración, que como dcía D. Álvaro, son de ida y de vuelta. Por que revierte en el que reza.

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Carta del Prelado (octubre 2009)

El Prelado reflexiona sobre el valor santificador del trabajo y, ante el momento de crisis global, invita en su carta a “acrisolar la fe, fomentar la esperanza y favorecer la caridad”.

01 de octubre de 2009

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Mañana, 2 de octubre, agradeceremos al Señor un nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei; y cuatro días más tarde, el 6 de octubre, se cumplirá el séptimo de la canonización de nuestro Fundador. En la cercanía de estas dos fechas, pienso que nos viene bien meditar en esta sobrenatural intuición de nuestro Fundador, como la calificó Juan Pablo II[1]: el valor santificador del trabajo ordinario en medio del mundo, la necesidad de aprovechar el acontecer cotidiano, para responder al encuentro permanente que el Señor desea mantener con cada una y cada uno de nosotros. Se comprende perfectamente que nuestro Padre se volviera “loco de amor” al meditar con hondura las palabras que manifiesta Dios a través del profeta: meus es tu[2].

Nos consta que el trabajo, esta realidad universal y necesaria que acompaña la existencia de los hombres en la tierra, es medio para subvenir a las necesidades personales y de la propia familia, vínculo de comunión con las demás personas, ocasión de perfeccionamiento personal. Para un cristiano, esas perspectivas se alargan y se amplían. Porque el trabajo aparece como participación en la obra creadora de Dios, que, al crear al hombre, lo bendijo diciéndole: procread y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla, y dominad en los peces del mar, y en las aves del cielo, y en todo animal que se mueve sobre la tierra (Gn 1, 28). Porque, además, al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora[3].

Juan Pablo II expuso con viveza esta enseñanza durante la canonización de nuestro Fundador, al ilustrar el relato de la creación del hombre: el Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén para que lo trabajara y lo guardara[4]. «El libro del Génesis —decía el Santo Padre— (…) nos recuerda que el Creador ha confiado la tierra al hombre, para que la “labrase” y “cuidase”. Los creyentes, actuando en las diversas realidades de este mundo, contribuyen a realizar este proyecto divino universal. El trabajo y cualquier otra actividad, llevada a cabo con la ayuda de la gracia, se convierten en medios de santificación cotidiana»[5].

Ya en la ceremonia de la beatificación, el 17 de mayo de 1992, había afirmado que San Josemaría «predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo —añadía el Romano Pontífice— convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por eso, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación»[6].

Proponer otra vez este punto capital del espíritu del Opus Dei no resulta repetitivo, porque siempre podemos ahondar más en su inagotable riqueza espiritual y ponerlo en práctica con mayor fidelidad, contando con la ayuda de Dios y la intercesión de nuestro Padre. Como frecuentemente afirmó San Josemaría, mientras haya hombres y mujeres que desempeñen una tarea profesional, habrá personas que, impulsadas por este espíritu, mostrarán a sus amigos y colegas que es posible alcanzar la perfección cristiana, la santidad, mediante la santificación de la ocupación profesional, colaborando con Dios en el perfeccionamiento de la creación y cooperando con Cristo en la aplicación de la obra redentora.

Escuchemos a San Josemaría: somos nosotros hombres de la calle, cristianos corrientes, metidos en el torrente circulatorio de la sociedad, y el Señor nos quiere santos, apostólicos, precisamente en medio de nuestro trabajo profesional, es decir, santificándonos en esa tarea, santificando esa tarea y ayudando a que los demás se santifiquen con esa tarea. Convenceos de que en ese ambiente os espera Dios, con solicitud de Padre, de Amigo; y pensad que con vuestro quehacer profesional realizado con responsabilidad, además de sosteneros económicamente, prestáis un servicio directísimo al desarrollo de la sociedad, aliviáis también las cargas de los demás y mantenéis tantas obras asistenciales —a nivel local y universal— en pro de los individuos y de los pueblos menos favorecidos[7]. Hemos de pensar más en las personas que se encuentran a nuestro alrededor: ¿lo hacemos?, ¿despiertan en nosotros un claro celo apostólico? El trabajo profesional y las relaciones derivadas de su ejercicio constituyen un campo privilegiado para ejercitar el sacerdocio común recibido en el Bautismo. Tengámoslo muy presente durante el año sacerdotal.

Esas palabras de nuestro Padre resuenan con fuerza en los momentos actuales, signados por una profunda crisis económica y laboral que afecta a muchos países. Al mismo tiempo, nos recuerdan el carácter instrumental del trabajo en todas sus manifestaciones. Por eso, nos enseñaba también que los bienes de la tierra no son malos; se pervierten cuando el hombre los erige en ídolos y, ante esos ídolos, se postra; se ennoblecen cuando los convertimos en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y de caridad. No podemos ir detrás de los bienes económicos, como quien va en busca de un tesoro; nuestro tesoro está aquí (…); es Cristo y en Él se han de centrar todos nuestros amores, porque donde está nuestro tesoro allí estará también nuestro corazón (Mt 6, 21)[8].

Si la tarea profesional se considerase como un objetivo en sí mismo, y no un medio para alcanzar el fin último de la existencia humana —la comunión con Dios y, en Dios, con los demás hombres—, se desvirtuaría su naturaleza y perdería su valor más alto. Se convertiría en una actividad cerrada a la trascendencia, en la que la criatura no tardaría en situarse en el lugar de Dios. Un trabajo realizado así tampoco podría ser el medio para colaborar con Cristo en la obra redentora, que comenzó con sus años de artesano en Nazaret y consumó en la Cruz, entregando su vida por la salvación de los hombres.

Son ideas que Benedicto XVI ha expuesto recientemente en la encíclica Caritas in veritate, presentando la Doctrina social de la Iglesia en el actual contexto de globalización de la sociedad. Al afirmar, en las circunstancias actuales, que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad[9], el Papa pone de relieve —como ya expresó el Concilio Vaticano II— que el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social[10]. De este modo, situando en el núcleo del debate actual a la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y elevada por Cristo a la dignidad de la filiación divina, el Santo Padre se pronuncia decididamente contra el determinismo que subyace en muchas concepciones de la vida política, económica y social.

Al mismo tiempo, el Papa pone de relieve la energía transformadora de la sociedad que lleva consigo el ejercicio de una libertad rectamente entendida, es decir, una libertad firmemente anclada en la verdad. Refiriéndose al desarrollo de los pueblos, escribe: en realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado[11].

En una época de crisis como la de ahora, con repercusiones que afectan directamente a tanta gente, podría presentarse un doble peligro: de una parte, confiar ingenuamente en que las soluciones técnicas resolverán todos los problemas; y, de otra, dejarse arrastrar por el pesimismo o la resignación, como si todo eso fuera inevitable, consecuencia de unas leyes económicas que no se pueden soslayar.

Una y otra actitud se demuestran falsas y peligrosas. Un hombre o una mujer de fe ha de aprovechar esta situación para mejorar personalmente en la práctica de la virtud, cuidando con esmero el espíritu de desprendimiento, la rectitud de intención, la renuncia a bienes superfluos, y tantos detalles más. Sabe, por otra parte, que en todo instante estamos en las manos de Dios, nuestro Padre; y que si la Providencia divina permite estas dificultades, lo hace para que saquemos bien del mal: Dios escribe derecho con renglones torcidos. Atravesamos un tiempo propicio para acrisolar la fe, fomentar la esperanza y favorecer la caridad; y para desempeñar nuestra tarea —la que sea— con rigor profesional, con rectitud de intención, ofreciendo todo para que en la sociedad se cree un auténtico sentido de responsabilidad y de solidaridad. ¿Rezamos para que se resuelva el grave problema del paro?

Por otro lado, las circunstancias difíciles favorecen que salgan a flote recursos escondidos en el interior de cada persona. Una de las recomendaciones más importantes de la reciente encíclica se concreta en la llamada a purificar las relaciones de la estricta justicia con la caridad, sin separar el ejercicio de estas dos virtudes. El gran desafío de estos momentos, afirma el Romano Pontífice, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como en el de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la transparencia, la honradez y la responsabilidad, sino que, en las relaciones mercantiles, el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo[12].

Viene a mi memoria una enseñanza que San Josemaría difundió en sus escritos y en sus encuentros con gentes muy diversas. En una homilía, dirigía estas palabras a las personas de todo tipo que le escuchaban: convenceos de que únicamente con la justicia no resolveréis nunca los grandes problemas de la humanidad. Cuando se hace justicia a secas, no os extrañéis si la gente se queda herida: pide mucho más la dignidad del hombre, que es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y al lado, porque lo dulcifica todo, lo deifica: Dios es amor (1 Jn 4, 16). Hemos de movernos siempre por Amor de Dios, que torna más fácil querer al prójimo, y purifica y eleva los amores terrenos[13]. Y en otra ocasión, ante la pregunta acerca de la primera virtud que debería cultivar un empresario, su respuesta inmediata fue la siguiente: la caridad, porque con la justicia sola no se llega (…). Trata siempre con justicia a la gente y déjate llevar un poco del corazón (…). Haz lo que puedas por los demás, por medio de tu trabajo. Y vive, con la justicia, la caridad. La justicia sola es una cosa seca; quedan muchos espacios sin llenar[14].

Un gran amor a la justicia, informado en todo momento por la caridad, junto a la preparación profesional propia de cada uno, es el arma cristiana para colaborar eficazmente en la resolución de los problemas de la sociedad. Tenéis que hacer sobrenaturalmente lo que hacéis naturalmente, aconsejaba San Josemaría; y después —señalaba—, llevar este afán de caridad, de fraternidad, de comprensión, de amor, de espíritu cristiano, a todos los pueblos de la tierra[15]. Ponía en guardia frente a las doctrinas que ofrecen falsas soluciones —por materialistas— a los problemas sociales: para resolver todos los conflictos de los hombres nos bastan la justicia y la caridad cristianas[16].

Estas consideraciones no eximen a los cristianos —especialmente a quienes ocupan cargos de responsabilidad en la vida pública o en la sociedad— del esfuerzo por conocer bien las leyes de la economía. La caridad no excluye el saber —afirma Benedicto XVI, más bien lo exige, lo promueve y lo anima desde dentro. El saber nunca es sólo obra de la inteligencia. Ciertamente, puede reducirse a cálculo y experimentación, pero si quiere ser sabiduría capaz de orientar al hombre a la luz de los primeros principios y de su fin último, ha de ser “sazonado” con la “sal” de la caridad. Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor. En efecto, “el que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez” (Pablo VI, enc. Populorum progressio, n. 75)[17].

Tratemos de entender más a fondo estas enseñanzas del Magisterio, difundirlas y hacer que calen con hondura en nuestra conciencia y en nuestra actuación diaria.

Como siempre, os recuerdo que permanezcáis muy unidos a mis intenciones. Y, como es natural, en primer plano está siempre la oración por el Papa y por sus colaboradores. Este mes, además, se celebrará en Roma una sesión especial del Sínodo de los Obispos, dedicada al continente africano. Acudamos desde ahora al Espíritu Santo y a la intercesión de San Josemaría, para que el Señor ilumine a los Obispos que se reunirán con el Papa y conceda gran fruto espiritual a esa Asamblea.

Hay otros aniversarios de la historia de la Obra, que no mencionaré. Sí que siento, en cambio, la urgencia de que crezca en todas y en todos el afán de conocer los diferentes pasos de la vida de San Josemaría: su finura para cuidar lo que el Cielo puso en sus manos le motivó para ser un leal servidor de Dios, de la Iglesia —con esta partecica, la Obra—, de sus hijas y de sus hijos, y de todas las personas, también de las que no le comprendían. Es de gran importancia que sigamos esas huellas.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de octubre de 2009.

[1] Cfr. Juan Pablo II, Homilía en la beatificación del Fundador del Opus Dei, 17-V-1992.

[2] Is 43, 1.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 47.

[4] Gn 2, 15.

[5] Juan Pablo II, Homilía en la canonización del Fundador del Opus Dei, 6-X-2002.

[6] Juan Pablo II, Homilía en la beatificación del Fundador del Opus Dei, 17-V-1992.

[7] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 120.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 35.

[9] Benedicto XVI, Litt. enc. Caritas in veritate, 29-VI-2009, n. 25.

[10] Ibid. Cfr. Const. past. Gaudium et spes, n. 63.

[11] Benedicto XVI, Litt. enc. Caritas in veritate, 29-VI-2009, n. 11.

[12] Ibid., n. 36.

[13] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 172.

[14] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 27-XI-1972.

[15] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 2-VI-1974.

[16] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 14-IV-1974.

[17] Benedicto XVI, Litt. enc. Caritas in veritate, 29-VI-2009, n. 30.

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Nuevos sacerdotes del Opus Dei

Comentarios surgidos a Del diseño de los SEAT al sacerdocio

Como miembro de la Prelatura Opus Dei, agradezco a Dios la llamada al sacerdocio de tantos fieles hermanos míos y a ellos les agradezco la generosidad de su respuesta incondicional para servir más y mejor a la Iglesia, al Opus Dei y a las almas.
Enhorabuena Don José Ramón. Soy mexicana, con 48 años en esta bella familia. Le ruego me de su bendición.
María Elena
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Al Neo Sacerdote José Ramón Alba – por desgracia no es mi pariente – lo felicito y admiro por la decisión que tomó al seguir aquellas palabras del Evangelio al referirse a los primeros Apostóles a quienes el propio Cristo llamó por su nombre: “Y dejándolo todo, lo siguieron”.
Que Dios te proteja siempre bendito Sacerdote. La Iglesia te necesita, España y el mundo también.
Que María Santísima de Guadalupe te acoja bajo su mirada y en el cruce de sus manos.
¡A ser SANTO¡
AFECTUOSAMENTE: MARÍA TERESA ALBA
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¡¡¡Perfecto!!! Como se dice en el mundo del deporte un ‘CRACK’.
Saludos a todos
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Que alegría, nuestro Señor llama a sus hijos a servirle desde sus labores ordinarias para una labor extraordinaria, y el premio es el ciento por uno.
Felicidades José Ramón

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