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Erotismo en la obra del Fundador del Opus Dei

En Amigos de Dios, de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, punto 184:

Para mantener el trato con mi Señor, os lo he explicado frecuentemente, me han servido también —no me importa que se sepa— esas canciones populares, que se refieren casi siempre al amor: me gustan de veras. A mí y a algunos de vosotros, el Señor nos ha escogido totalmente para El; y trasladamos a lo divino ese amor noble de las coplas humanas. Lo hace el Espíritu Santo en el Cantar de los Cantares; y lo han hecho los grandes místicos de todos los tiempos.Si queréis que esté holgando, / quiero por amor holgar; / si me mandáis trabajar, / morir quiero trabajando. / Decid ¿dónde, cómo y cuándo? / Decid, dulce Amor, decid: / ¿Qué mandáis hacer de mí?. O aquella canción de San Juan de la Cruz, que comienza de un modo encantador: Un pastorcito solo está penado, / ajeno de placer y de contento, / y en su pastora puesto el pensamiento / y el pecho del amor muy lastimado.

Repasad estos versos de la Santa de Avila:

El amor humano, cuando es limpio, me produce un inmenso respeto, una veneración indecible. ¿Cómo no vamos a estimar esos cariños santos, nobles, de nuestros padres, a quienes debemos una gran parte de nuestra amistad con Dios? Yo bendigo ese amor con las dos manos, y cuando me han preguntado que por qué digo con las dos manos, mi respuesta inmediata ha sido: ¡porque no tengo cuatro!

¡Bendito sea el amor humano! Pero a mí el Señor me ha pedido más. Y, esto lo afirma la teología católica, entregarse por amor del Reino de los cielos sólo a Jesús y, por Jesús, a todos los hombres, es algo más sublime que el amor matrimonial, aunque el matrimonio sea un sacramento y sacramentum magnum.

Pero, en cualquier caso, cada uno en su sitio, con la vocación que Dios le ha infundido en el alma —soltero, casado, viudo, sacerdote— ha de esforzarse en vivir delicadamente la castidad, que es virtud para todos y de todos exige lucha, delicadeza, primor, reciedumbre, esa finura que sólo se entiende cuando nos colocamos junto al Corazón enamorado de Cristo en la Cruz. No os preocupe si en algún momento sentís la tentación que os acecha. Una cosa es sentir, y otra consentir. La tentación se puede rechazar fácilmente, con la ayuda de Dios. Lo que no conviene de ningún modo es dialogar.

Obra completa en http://www.escrivaobras.org/book/amigos_de_dios

Debate en http://www.opusdeialdia.org/foro/viewtopic.php?f=19&t=964

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Crisis

Camino 301. Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. -Después… “pax Christi in regno Christi” -la paz de Cristo en el reino de Cristo.

En este punto de Camino, el Fundador del Opus Dei nos da la explicación de todas las crisis y la forma de salir de ellas, siendo una receta universal.

Debate en http://www.opusdeialdia.org/foro/viewtopic.php?f=10&t=922

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Carta del Prelado del Opus Dei febrero de 2009

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

La oración es y será siempre la primera arma para conseguir el don divino de la unión de los cristianos. Hemos procurado utilizarla especialmente en las últimas semanas, con ocasión del octavario por la unidad, que en este año —dedicado a San Pablo— ha tenido especial relevancia. En el Opus Dei, además, como recomendaba San Josemaría, todos los días rezamos pro unitate apostolatus, pidiendo a Dios que los que invocan el nombre de Jesucristo, y lo reconocen como Señor, lleguen cuanto antes a formar un solo rebaño bajo un solo pastor[1].

Ahora deseo recordaros que, junto con la oración, toda la labor apostólica —también, por tanto, el trabajo en favor de la unidad de los cristianos— ha de ir acompañada por la expiación alegre y generosa, que nos une estrechamente a Jesucristo. No olvidemos que, en la Cruz, Nuestro Señor nos ha redimido de nuestros pecados y nos ha abierto el camino para identificarnos con Él.

Nuestro Padre solía repetir que la mortificación es «la oración de los sentidos»[2]. Hemos de amar a Cristo en la Cruz y compartir con Él nuestras pequeñas y grandes contrariedades —además de la penitencia personal voluntaria—, felices de poder colaborar, como enseña el Apóstol, en el crecimiento del Cuerpo Místico: ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia[3].

En muchos lugares no se comprende el valor de purificación y corredención que entraña el dolor aceptado y ofrecido en unión con Jesucristo. Resulta actualísima la consideración de San Josemaría en una de la estaciones del Via Crucis: «Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Señor. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural. ¡Hasta quitan las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos…!»

«En la Pasión, la Cruz dejó de ser símbolo de castigo para convertirse en señal de victoria. La Cruz es el emblema del Redentor: in quo est salus, vita et resurrectio nostra: allí está nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección»[4].

Os invito a profundizar en estas palabras, especialmente en las próximas semanas, mientras nos preparamos para celebrar el 14 de febrero —día de acción de gracias en el Opus Dei, por ser aniversario de dos fechas fundacionales—, y también en la última semana del mes, con ocasión del tiempo de Cuaresma. Al referirse a esos momentos fundacionales —el comienzo de la labor apostólica de la Obra con las mujeres, en 1930, y el de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, en 1943—, nuestro Padre se llenaba de agradecimiento a Dios. En el hecho de que esos dos eventos de la historia de la Obra hubieran coincidido en la misma fecha, aunque de años distintos, San Josemaría descubría una muestra particular de la Providencia divina.

Por una parte, veía en esa coincidencia una manifestación de la unidad esencial entre los diversos componentes del Pueblo de Dios que integran la Obra. Al mismo tiempo, San Josemaría comprendió con claridad nueva que Cristo en la Cruz ha de presidir todas y cada una de las actividades de los miembros del Opus Dei. En agosto de 1931, el Señor le había hecho comprender que deseaba que los hombres y mujeres de Dios pusieran la Cruz en la cumbre de todas las actividades humanas, mediante su trabajo profesional santificado y santificante. Este deseo divino quedaba ratificado el 14 de febrero de 1943, cuando —como afirmaba nuestro Fundador— «el Señor quiso coronar su Obra con la Santa Cruz».

La profunda compenetración teológica, espiritual y apostólica de seglares y sacerdotes, característica del Opus Dei desde sus comienzos, recibió su configuración jurídica adecuada al ser erigido por el Romano Pontífice Juan Pablo II en prelatura personal. Agradezcamos a la Santísima Trinidad la eficacia de esta cooperación orgánica de los presbíteros y de los seglares en la misión de la Iglesia pro mundi vita[5], para la salvación del mundo.

A propósito de estos aniversarios, comentaba San Josemaría en una ocasión: «Pensaba que en el Opus Dei no habría más que hombres. No es que no quisiera a las mujeres —amo mucho a la Madre de Dios; amo a mi madre y a las vuestras; quiero a todas mis hijas, que son una bendición de Dios en el mundo entero—, pero antes del 14 de febrero de 1930, yo no sabía nada de vuestra existencia en el Opus Dei, aunque sí latía en mi corazón el deseo de cumplir en todo la Voluntad de Dios. Y cuando terminé de celebrar ese día la Santa Misa, conocía ya que el Señor quería la Sección femenina. Después, el 14 de febrero de 1943, quiso coronar con la Cruz el edificio suyo: la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz»[6].

Y, dirigiéndose específicamente a las mujeres de la Obra, añadía: «Hijas mías, tenéis alma sacerdotal, os repito con San Pedro: vos autem genus electum, regale sacerdotium, gens sancta, populus acquisitionis (1 Pe 2, 9). Sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa… Y además, tenéis el privilegio de que Dios escogió a una mujer para Madre suya: la siempre Virgen, nuestra Madre Santa María, que permaneció al pie de la Cruz, con reciedumbre, con amor. De Ella aprendéis a ser corredentoras (…). Con vuestras ansias de adorar a Dios, de reparar, de agradecer, de impetrar, ponéis lo que falta —como afirma San Pablo— a la Pasión de Cristo: et adimpleo ea quæ desunt passionum Christi in carne mea pro corpore eius, quod est Ecclesia (Col 1, 24). Y el Señor, que es el Sembrador Divino —recordáis la parábola—, os toma en sus manos sangrantes como dos puñados de trigo, os aprieta y os echa al aire para esparciros por toda la tierra. Sois bendición del Señor. Sois fecundidad del Señor y, con su ayuda, lo podéis todo»[7].

El alma sacerdotal es característica de todos los cristianos, infundida en nosotros por el Bautismo y la Confirmación. Dios quiere que esté siempre activa en todos, de modo análogo a como el alma humana informa en todo momento, con su virtud, los diversos miembros del cuerpo. Mantengamos siempre vivo ese espíritu sacerdotal, que ha de ser como el latir del corazón: un impulso espiritual que lleva a la unión con Jesús crucificado y resucitado, con el deseo de hacernos enteramente instrumentos suyos para la salvación de las almas. ¿Cómo influye el Santo Sacrificio del altar en tu jornada, en tu trabajo, en tu fraternidad, en tu apostolado? ¿Crece cada día tu amor a la Pasión del Señor? ¿Fomentas en tu alma la necesidad de la penitencia?

Hijas e hijos míos, fue en este mes cuando nuestro Padre, en un impulso incontenible de afecto, dirigió al Señor, mientras distribuía la Sagrada Comunión a las monjas en la iglesia del Patronato de Santa Isabel, aquellas palabras: «Te amo más que éstas». Y oyó el apremiante reproche divino: «Obras son amores y no buenas razones»[8]: la petición de no cejar en la oración y en la expiación que ya le consumía el alma.

La experiencia de San Pablo, hombre amante de la Cruz y lleno de celo por la salvación del mundo, ha de reproducirse en todos los fieles. El Papa Benedicto XVI lo ha recordado con frecuencia durante este año dedicado al Apóstol. «Para San Pablo —decía en una audiencia—, la Cruz tiene un primado fundamental en la historia de la humanidad; representa el punto central de su teología, porque decir Cruz quiere decir salvación como gracia dada a toda criatura. El tema de la Cruz se convierte en un elemento esencial y primario de la predicación del Apóstol»[9].

San Pablo no renuncia a predicar la necesidad de la Cruz en ningún momento, tampoco en ciudades —como Corinto— donde imperaba un marcado hedonismo. No pasemos por alto este ejemplo concreto de comportamiento, que todos debemos seguir, especialmente en estos tiempos. El mensaje de la Cruz —anunciaba el Apóstol sin respetos humanos— es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios (…). Quiso Dios salvar a los creyentes, por medio de la necedad de la predicación. Porque los judíos piden signos, los griegos buscan sabiduría; nosotros en cambio predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles[10].

Grande se presenta la urgencia, hoy como siempre, de insistir a las almas para que escuchen estas verdades con ese lenguaje claro y, al mismo tiempo, optimista, animoso, cargado de esperanza. «El Apóstol quiere recordar, no sólo a los Corintios o a los Gálatas, sino a todos nosotros, que el Resucitado sigue siendo siempre Aquel que fue crucificado. El “escándalo” y la “necedad” de la Cruz radican precisamente en el hecho de que donde parece haber sólo fracaso, dolor, derrota, precisamente allí está todo el poder del Amor ilimitado de Dios, porque la Cruz es expresión de amor, y el amor es el verdadero poder que se revela precisamente en esta aparente debilidad»[11].

El amor a Cristo da razón de la extraordinaria fuerza de Saulo para llevar el mensaje cristiano por todo el mundo. «Muchos presentan a San Pablo como un hombre combativo que sabe usar la espada de la palabra. De hecho, en su camino de apóstol no faltaron las disputas. No buscó una armonía superficial (…). Para él la verdad era demasiado grande como para estar dispuesto a sacrificarla en aras de un éxito externo. Para él, la verdad que había experimentado en el encuentro con el Resucitado bien merecía la lucha, la persecución y el sufrimiento. Pero lo que le motivaba en lo más profundo era el hecho de ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a los demás este amor. San Pablo era un hombre capaz de amar, y todo su obrar y sufrir sólo se explican a partir de este centro. Los conceptos fundamentales de su anuncio sólo se comprenden sobre esta base»[12].

En estas líneas se describe perfectamente el motor del alma sacerdotal, apostólica, que todos hemos de fomentar. Traen el eco de otras palabras del Apóstol: caritas Christi urget nos[13], el amor de Cristo nos apremia. Y de aquellas otras: si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, pues es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara![14]. El ardiente afán de ser fiel al mandato de Cristo —el mismo que hemos recibido todos los cristianos— impulsó a Pablo a viajar incansablemente por todas partes, dando a conocer a Jesús, sin llevar la cuenta de las penalidades y sacrificios que el cumplimiento de su misión comportaba. El mismo deseo impulsaba a los primeros cristianos. «Allá van todos —recordaba San Josemaría, en momentos de grave persecución religiosa—, con su pureza, a limpiar la charca sucia y verdosa del mundo pagano (…). La sociedad romana comienza a contemplar asombrada que hombres jóvenes, con fortaleza de cuerpo y de alma, se convierten en apóstoles de la fe nueva; no se han segregado del mundo y nada les distingue de los demás; si acaso, esa luz vibrante que arde dentro de su pecho. Contempla también a las vírgenes, pertenecientes a familias patricias de la Roma imperial y a la plebe, que coronan su inocencia con la penitencia. Y empieza a percibir los efectos de un apostolado perseverante, sin intermitencias, rebosante de generosidad y sacrificio; a través de la bulla de las fiestas, en los anfiteatros y en medio de los banquetes monstruosos, la voz de Cristo suena cada vez más fuertemente»[15].

Sí, hijas e hijos míos: sólo en Jesucristo encontramos la razón de nuestro servicio a las almas, que deseamos que crezca cada día con más intensidad y con un celo profundo. Si nos enamoramos “locamente” de Él, como San Pablo, ningún obstáculo o dificultad, ni externo ni interno, podrá frenar nuestro apostolado. Meditemos otras palabras de San Josemaría que, siguiendo las huellas del Apóstol, se preguntaba: «¿De dónde sacaba San Pablo esta fuerza? Omnia possum in eo qui me confortat! (Flp 4, 13), todo lo puedo, porque sólo Dios me da esta fe, esta esperanza, esta caridad. Me resulta muy difícil creer en la eficacia sobrenatural de un apostolado que no esté apoyado, centrado sólidamente, en una vida de continuo trato con el Señor. En medio del trabajo, sí; en plena casa, o en mitad de la calle, con todos los problemas que cada día surgen, unos más importantes que otros. Allí, no fuera de allí, pero con el corazón en Dios. Y entonces nuestras palabras, nuestras acciones —¡hasta nuestras miserias!— desprenderán ese bonus odor Christi (2 Cor 2, 15), el buen olor de Cristo, que los demás hombres necesariamente advertirán: he aquí un cristiano»[16].

Dentro de pocos días, el 19 de febrero, es la fecha en que el queridísimo don Álvaro celebraba su santo. Sigamos también el ejemplo de este Siervo de Dios, que tan hondamente imprimió en su corazón el celo por la salvación de las almas. Recemos para que el iter de su Causa de canonización camine expeditamente. Sin prevenir para nada el juicio de la Iglesia, estamos seguros de que el reconocimiento de la heroicidad de sus virtudes constituirá un impulso más para que muchas personas se decidan a convertir todos los momentos y circunstancias de su vida en ocasión de amar y de servir al Reino de Jesucristo[17].

También, con fecha 21, tendré el gozo de conferir el diaconado a dos hermanos vuestros Agregados. Vienen con fuerza a mi alma los deseos de San Josemaría de contar con este servicio de sus hijos Agregados: no lo contempló hecho realidad en la tierra, pero su oración y su expiación llegó al Cielo, y bien podéis aplicaros la idea de que sois —somos todos— fruto de esa plegaria, que continúa en el Cielo, y de aquella generosa y alegre expiación que practicó mientras vivía con nosotros.

Ayer me recibió en Audiencia privada el Santo Padre Benedicto XVI. No me resisto a añadir estas líneas a la carta, para animaros una vez más a agradecer su gran afecto e interés, y su paternal Bendición para todas las personas y labores apostólicas de la Prelatura. Recemos mucho por su Persona, por su trabajo y por sus intenciones.

Con todo cariño, os bendice

                                       vuestro Padre

                                          + Javier

Roma, 1 de febrero de 2009.

Versión completa en http://www.opusdei.es/art.php?p=31907
Debate en http://www.opusdeialdia.org/foro/viewtopic.php?f=10&t=899

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Trabajo con una numeraria del Opus Dei

Me dirijo a ustedes porque actualmente trabajo con una numeraria del Opus Dei y hasta entonces jamas me habria entrado la curiosidad pero si son tan amables de por favor explicarme que es exactamente un numerario, cuales son sus sacrificios personales para estar como numeraria y que es el Opus Dei se lo agradeceria.

Un numerario (lo dejaremos así, en sentido amplio, para abreviar) es una persona que pretende ser santo en medio del mundo. Eso es lo que caracteriza a todos los miembros del Opus Dei, lo mismo que a todos los cristianos que se lo toman en serio. El numerario, además, se compromete a permanecer célibe, a vivir en un centro y a formar a los demás miembros de la Obra.
Si tienes más dudas, puedes preguntarlas aquí o en la web oficial www.opusdei.org, pero yo te aconsejo que se lo preguntes directamente a tu compañera.

le sugiero que visite el siguiente link en este foro: http://www.opusdeialdia.org/foro/viewtopic.php?f=6&t=790&start=0
Y que le pregunte todo esto a su amiga, también.

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por que en mateo dice que jose conocio a maria?

Hola desconocido amigo. No sé qué versión del Evangelio de San Mateo manejas. He consultado el texto en la Biblia de Navarra, y se habla de esto en el capítulo 1, versículos 18 al 25.

En el 25 dice esto: …María, su madre [la de Jesús], estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró que había concebido…

Y en el 24 y 25 esto otro: …José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo…

Al pie de la página comentan los versículos: Jesús, sin ser hijo de José según la carne, es, si embargo, el Mesías descendiente de David. Esto es obra de Dios, pues es Él quien tiene la iniciativa llamando a José para ser esposo de María y padre del Niño. San José acepta con obediencia, y, por designio divino, ejerce una potestad sobre Jesús, imponiéndole su nombre y cuidando del Niño y de la Virgen: “San José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se descubre que el Santo Patriarca es, además, Maestro de vida interior: porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con Él, a sabernos parte de la familia de Dios” (S. Josemaría Escrivá de Balaguer, Hom. 1.39)

Espero haberte aclarado algo.

Un abrazo,

Gonzalo.

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Si quieres hacer reír a Dios…

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Supernumerario volando

Me han contado una muy buena: Este era un supernumerario del Opus Dei que hacía en avión un vuelo transoceánico. El aparato entró en una zona de turbulencias, saltaron las mascarillas y todo el pasaje se puso histérico, también el supernumerario, por supuesto. Las azafatas, también histéricas, no daban abasto intentando calmar al personal, mientras el avión iba brincando sobre el oceánico. Todos gritando como locos, algunos con pinta de guays, con la cabeza entre las rodillas, rezaban con una devoción inimaginable minutos antes. Todos estaban fuera de sí. Todos menos un niño de unos diez-doce años sentado junto a nuestro supernumerario, que jugaba con su videoconsola, y lo único que hacía era acomodarse cada vez que el avión se meneaba… El supernumerario no lo podía creer, y al fin le preguntó al niño: -¿Y tú? ¿No tienes miedo?, y el niño contestó: -¿Miedo, yo? ¿De qué? ¡el piloto es mi padre!

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La vocación: anécdotas, relatos y reflexiones

Copio el índice de un libro que os recomiendo sobre la vocación o la llamada de Dios. Está escrito por Alfonso Aguiló.

0. Introducción

1. El encuentro con la verdad sobre uno mismo

2. Palabras que hieren

3. Cómo acertar

4. ¿Dejarse aconsejar?

5. Casualidades

6. Capacidad de escucha

7. Detalles que a otros pasan inadvertidos

8. ¿Se me tiene que haber ocurrido a mí?

9. Un encuentro fortuito

10. Dios habla bajito

11. Darse por enterado

12. Así me hice cura

13. El joven rico

14. Superar el miedo

15. Mañana, mañana

16. Cambiar los propios planes

17. Perderlo todo

18. ¿Perder la libertad?

19. La sencilla palabra sí

20. La persecución de los bien intencionados

21. Dar la cara cuando no resulta fácil

22. Ser tomados por locos

23. La fuerza de la fe

24. La forja de una vocación

25. La vida a una carta

26. ¿Demasiado joven?

27. Demasiado pronto

28. ¿Es necesario ser célibe?

29. Las propias limitaciones

30. Hay otros mejor preparados

31. La duda sobre las propias cualidades

32. Nunca lo había pensado

33. Dejar pasar el tiempo

34. ¿Seré capaz de perseverar?

35. Veo que algunos han fracasado

36. ¿Es un camino cerrado?

37. A contraola

38. La noche oscura

39. ¿No es una lucha extenuante durante toda la vida?

40. El hijo pródigo

41. ¿Mi hijo Tomás, un simple fraile?

42. El hijo del pobre alguacil de Riese

43. Cuatro hijos sacerdotes

44. A él le debo la vocación

45. Hijos demasiados místicos

46. Es todavía un niño

47. Una incomprensión inicial

48. Dar la vida

49. Ponerse en marcha

50. Arreglar al hombre

La introducción de libro dice:

LA LLAMADA DE DIOS

Anécdotas, relatos y reflexiones sobre la vocación

Vocación no es algo que tienen algunos, sino todos. La vocación es el encuentro con la verdad sobre uno mismo. Un encuentro que proporciona una inspiración básica en la vida, de la que nace el compromiso, el cometido principal que cada persona tiene, y que quien es creyente percibe como los planes de Dios para él.

Por eso, saber cuál es nuestra misión en la vida es la cuestión más importante que debemos plantearnos cada uno, y que podemos plantear a quienes queremos ayudar a vivir con acierto.

Dios busca la felicidad del hombre, y la vocación es el descubrimiento de ese designio y ese plan que Dios ha previsto para que cada uno alcance la máxima realización personal. La vocación es como el reto que nos plantea nuestra vida. Es una nueva luz, un acontecimiento que nos da una nueva visión de la vida, y la llena de sentido.

A través de relatos, ejemplos y anécdotas de la vida cotidiana y de la historia de los santos, en estas páginas se ofrecen algunas ideas sobre cómo conocer cada vez mejor ese designio de Dios y sobre cómo incorporarlo a nuestra vida. Mediante un diálogo con el lector, se abordan las principales dudas y cuestiones que se plantean en torno a esa gran pregunta del hombre que es la vocación, un enigma que a cada uno toca descifrar.


Relacionados:Opus Dei vocación¿Cómo discernir la vocación?

Cuando una persona decide pedir la admisión en el Opus Dei, ¿qué sucede?

¿Cuál es la edad habitual de incorporación al Opus Dei?

¿Qué edad, qué condiciones, etc., se requieren para entregarse a Dios en la Prelatura del Opus Dei?

Me gustaría pertenecer al opus dai

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Que te piden para ser numeraria del Opus Dei?

Sacado de “Opus Dei al día”: Que es lo que te piden para ser numeraria?

hola, soy georgina, fijate que yo he oido mucho del opus, y soy catolica…
mi pregunta es si hay numerarias muejeres
que es lo que te piden para ser numeraria
y si hay sede en Guatemala
te agradeceria una respuesta
hasta luego.


Sí, hay numerarias mujeres.Para ser numeraria, lo fundamental es que tengas esa vocación (que Dios te llame a eso)… y que tú quieras hacer lo que te pide.

¿Y cómo saber si ser numeraria del Opus Dei es lo que te pide? Haciendo oración (para saber qué te pide Dios) y yendo a algún centro del Opus Dei (para que te puedan aconsejar correctamente).

Esto está ampliado en: Ojalá algún día yo vea la vocación que tenéis la gente de la obra   y Cómo estaré completamente seguro de mi vocación? 

Desde Guatemala han escrito varios:

¿Cómo puedo llegar a ser parte del Opus en Guatemala? 

Supernumerario del Opus Dei en Guatemala 

Mi hijo de 14 años y la Obra en Guatemala 

El primer club del mundo: ¿Gurkhas o Jara? 

En Guatemala puedes acudir a:

Fundación Kinal (Guatemala)

Universidad del Istmo (Guatemala)

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Gracias al Opus Dei me haré religioso

Mensaje recién publicado en www.opusdeialdia.org: Gracias al Opus Dei he descubierto mi vocación a la vida religiosa  

Me llamo Juan Rafael Vargas, soy de Costa Rica y gracias al Opus Dei, he descubierto mi vocacion a la vida religiosa. Sere religioso carmelita descalzo y mi nombre religioso sera de San Josemaria Escriva. Muchas felicidades por esta pagina. Mis padres son supernumerarios y mi hermano es agregado.

————- 

Me alegro mucho de tu decisión. Por favor, no dejes de rezar por el Opus Dei (seguro que vas a hacerlo).

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Antonio.

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