Abro la puerta del Oratorio, que está a la altura del Altar y veo a dos NAX, prácticamente pegadas al mismo. Una estaba malita e iba en silla de ruedas, la otra NAX es la que se ocupaba de ella.
En la otra hilera de bancos – en la segunda fila – había un gigante que acompañaba a su mujer, los días de Retiro, a Misa.
Siempre se ponía más atrás, pero esta vez se acomodó bien visible. (Ya está en el Cielo: falleció este verano).
También había una pierna escayolada, bien visible, en el pasillo.
El sacerdote, que era nuevo en el Centro y en Madrid, sube al Altar. Aunque no se le movía un músculo de la cara, seguro que era consciente del entorno. Empieza la Santa Misa y comienzan a oírse “ruiditos”: el de un biberón que se cae al suelo, un tímido estornudo, unos moquitos, etc. O sea, ruidos variados. En aquel momento pensé: esto es una familia.
¿En qué familia no hay alguna tía soltera, unos abuelitos, alguna pierna escayolada, niños pequeñines y menos pequeñines…?
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¡pero que descripción más natural.!
Efectivamente somos una familia. Y como en todas: a unos les falta un empleo y se las ven apuradillas… madre mí, pienso en cuatro chiquitines…en otras hay gente mayor, sillas de ruedas, escayolas, y pañuelos en la cabezapor tratamientos de cancer, urgencias, por que alguien se ha caído y se ha abierto una brecha… en fín lo propio.



