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Me alegro que te sirvan los retiros y las palabras de San Josemaría.
Sigue así, que vas muy bien y lee mucho sobre él, cada vez te gustará más.
Yo empecé así y acá sigo cada vez más contenta.
Me alegro que te sirvan los retiros y las palabras de San Josemaría.
Sigue así, que vas muy bien y lee mucho sobre él, cada vez te gustará más.
Yo empecé así y acá sigo cada vez más contenta.
hola, yo no soy de la Obra aunque sí asisto a los medios de formación.
Es cierto que el Opus se ha visto siempre como algo desconocido/oscuro, pero lo cierto es que ahora tienes muchas páginas oficiales y no oficiales sobre la Obra; de hecho, este mismo foro es un ejemplo de apertura, transparencia e incluso encaje de críticas (muchas de ellas puro insulto) y aún así se ponen y se discuten. Ahora, el que quiere conocer tiene medios de sobra para hacerlo.
el tema de la separación por sexos no es exclusivo de la Obra, igual que tampoco lo es el uso de cilicio, mortificación que debe ser incómoda pero poco más, no es para tanto. A mi personalmente no me molesta la separación por sexos, me gusta incluso, durante el dia a día estoy con mujeres todo el tiempo (en Justicia solo hay ya juezas, “fiscalas” (con el permiso de BIbiana Aido), abogadas, procuradoras, secretarias y funcionarias varias) así que estar un rato en compañía masculina incluso se llega a agradecer
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Yo creo que para entender bien al Opus hay que conocerlo, conocerlo no significa hacerse miembro ni mucho menos, simplemente asistir a algun medio de formación y comprobar que la gente que asiste es de lo más normal, que no te piden dinero y que no tienen prácticas ni costumbres extrañas.
Es cierto que los numerarios tienen una vida un tanto peculiar, al no ser curas pero vivir el celibato, vivir en centros de la Obra etc…pero una vez que comprendes la espiritualidad de la Obra los respetas, y aunque pienses que eso tu (ni yo) no lo harías ni loco, tampoco dejas de verlo como una forma de vida peculiar pero respetable

Aunque no es fácil, procuro siempre tener una sonrisa, tratar siempre a los clientes bien, a los niños, que muchas veces te desesperan, tocándolo todo, con mucho cuidado… y con mucha alegría…
De esto, y de mucho más, pues se lo debo a mi mujer, a Chari que está aquí presente. Ella sí es de la Obra desde hace ya varios años y la verdad es que me ayuda bastante en esta lucha. Nos ayudamos entre los dos mutuamente para salir adelante”.
Han transcurrido treinta y cinco años desde que, el 26 de junio de 1975, Dios llamó a nuestro Padre a gozar para siempre de su presencia en el Cielo. Como en anteriores aniversarios, innumerables personas han acudido a las Misas en honor de San Josemaría, celebradas en el mundo entero con motivo de su fiesta litúrgica. En todas partes se ha levantado hasta el Señor una intensa acción de gracias por haber concedido al mundo y a la Iglesia un pastor como nuestro santo Fundador, que es modelo de conducta cristiana y valioso intercesor en todas nuestras necesidades espirituales y materiales.
Además, la fiesta apenas transcurrida constituye una ocasión para considerar a fondo el mensaje que San Josemaría, por voluntad divina, difundió entre las mujeres y los hombres: que, con la ayuda de la gracia, podemos y debemos alcanzar la santidad —es decir, la perfección de la caridad, la unión plena con Dios— a través de la realización fiel y acabada del trabajo profesional y en medio de las demás circunstancias ordinarias de la vida.
Profundicemos en lo que constituye el núcleo de esta enseñanza: la necesidad de esforzarse por convertir el trabajo —cualquier trabajo, manual o intelectual— en verdadera oración. El Evangelio afirma claramente la necesidad de orar siempre y no desfallecer[1]; y San Pablo, haciéndose eco de esta enseñanza, añade: sine intermissione orate[2], orad sin interrupción. La recomendación tiene la fuerza de un mandato. Pero no sería posible llevarlo a la práctica, si lo interpretásemos equivocadamente en el sentido de que es preciso estar constantemente rezando, vocal o mentalmente; actuación imposible en nuestra actual condición terrena. La realización de las tareas que nos ocupan —familiares, profesionales, sociales, deportivas, etc.— exige muchas veces una atención completa de nuestra memoria y de nuestra inteligencia, un firme empeño de nuestra voluntad; y esto sin tener en cuenta la necesidad de dedicar al sueño las horas necesarias. Recuerdo a este propósito la gran alegría de San Josemaría cuando, después de haber enseñado durante años que hasta el sueño podemos convertirlo en oración, leyó un texto de San Jerónimo en el que se expresa la misma idea[3].
Pero hemos de considerar en su verdadera hondura esa urgencia del Maestro. Nos invita a vivificar la entera existencia humana, en todas sus dimensiones, con el afán de transformarla en plegaria: una oración continua, como el latir del corazón[4], aunque con frecuencia no se exprese en palabras. Así lo enseñó San Josemaría a sus hijas e hijos, y a todas las personas que desean santificarse según el espíritu de la Obra. Repetía: el arma del Opus Dei no es el trabajo: es la oración. Por eso convertimos el trabajo en oración y tenemos alma contemplativa[5].
Convertir el trabajo en oración. Este intento diario de conducirnos como mujeres y hombres contemplativos, en las más diversas circunstancias de la existencia, nos señala la meta elevada, como la santidad, que —convenzámonos— se convierte en asequible con la ayuda de la gracia. «Es preciso vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a través de su trabajo»[6], declaraba el Papa a propósito de la figura de San José. Sólo situando el trabajo ordinario en íntima relación con el afán de santidad, es posible para la inmensa mayoría de los cristianos aspirar seriamente a la plenitud de la vida cristiana.
Me vienen a la memoria las acciones de gracias que brotaban del alma de nuestro Padre, cuando leía las cartas de sus hijas y de sus hijos. Se removió mucho cuando un campesino, un fiel de la Obra, le decía que se levantaba muy de madrugada y ya rogaba al Señor que nuestro Padre descansara en el sueño, y añadía esa persona que luego, mientras abría con el tractor los surcos en la tierra, rezaba Acordaos y otras plegarias. Disfrutó mucho nuestro Fundador al comprobar la realidad de una vida contemplativa, en medio de los trabajos del campo.
En la carta apostólica que —invitando a la santidad— escribió al comienzo del nuevo milenio, el Siervo de Dios Juan Pablo II se expresaba de la siguiente manera: «Este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos “genios” de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno (…). Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este “alto grado” de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección»[7].
Nuestro Padre reiteró esta doctrina una vez y otra, afirmando que la contemplación no es cosa de privilegiados. Algunas personas —afirmaba de modo gráfico, para que quedara bien grabado en los oyentes— con conocimientos elementales de religión, piensan que los contemplativos están todo el día como en éxtasis. Y es una ingenuidad muy grande. Los monjes, en sus conventos, están todo el día con mil trabajos: limpian la casa y se dedican a tareas con las que se ganan la vida. Frecuentemente me escriben religiosos y religiosas de vida contemplativa, con ilusión y cariño a la Obra, diciendo que rezan mucho por nosotros. Comprenden lo que no comprende mucha gente: nuestra vida secular de contemplativos en medio del mundo, en medio de las actividades temporales. Nuestra celda está en la calle: ése es nuestro encerramiento. ¿Dónde se encierra la sal? Hemos de procurar que no haya nada insípido. Por eso nuestro retiro han de ser todas las cosas del mundo[8].
Así como el cuerpo necesita del aire para respirar y de la circulación de la sangre para mantenerse en vida, así el alma precisa permanecer en contacto con Dios a lo largo de las veinticuatro horas de la jornada. Por eso, la piedad auténtica impulsa a referir todo al Señor: el trabajo y el descanso, las alegrías y las penas, los éxitos y los fracasos, el sueño y la vigilia. Como escribía don Álvaro en 1984, «entre las ocupaciones temporales y la vida espiritual, entre el trabajo y la oración no puede haber sólo un “armisticio”, más o menos conseguido; debe existir una unión plena, una fusión que no deja residuos. El trabajo alimenta la oración y la oración empapa de sí el trabajo»[9].
Para alcanzar esta meta, además del auxilio de la gracia, se requiere un esfuerzo personal constante, que a menudo se concreta en pequeños detalles: recitar una jaculatoria o una breve oración vocal aprovechando un desplazamiento o una pausa en la tarea; dirigir una mirada cariñosa a la imagen del crucifijo o de la Santísima Virgen, que discretamente hemos colocado en nuestro lugar de trabajo, etc. Todo esto sirve para mantener viva en el alma una orientación de fondo hacia el Señor, que cotidianamente tratamos de fomentar en la Misa y en los ratos dedicados expresamente a la meditación. Y así, aunque en muchos momentos estemos concentrados en las diversas ocupaciones, porque la mente se sumerge plenamente en la realización de las diferentes tareas, el alma sigue fija en el Señor y mantiene con Él un diálogo que no está compuesto de palabras, y ni siquiera de pensamientos conscientes, sino de afectos del corazón, de deseos de realizar todo, hasta lo más menudo, por Amor, con el ofrecimiento de aquello que nos ocupa.
Cuando nos conducimos con semejante empeño, el trabajo profesional se convierte en una palestra donde se ejercitan las más variadas virtudes humanas y sobrenaturales: la laboriosidad, el orden, el aprovechamiento del tiempo, la fortaleza para rematar la faena, el cuidado de las cosas pequeñas…; y tantos detalles de atención a los demás, que son manifestaciones de una caridad sincera y delicada.
Persuadíos de que no resulta difícil convertir el trabajo en un diálogo de oración. Nada más ofrecérselo y poner manos a la obra, Dios ya escucha, ya alienta. ¡Alcanzamos el estilo de las almas contemplativas, en medio de la labor cotidiana! Porque nos invade la certeza de que Él nos mira, de paso que nos pide un vencimiento nuevo: ese pequeño sacrificio, esa sonrisa ante la persona inoportuna, ese comenzar por el quehacer menos agradable pero más urgente, ese cuidar los detalles de orden, con perseverancia en el cumplimiento del deber cuando tan fácil sería abandonarlo, ese no dejar para mañana lo que hemos de terminar hoy: ¡todo por darle gusto a Él, a Nuestro Padre Dios! Y quizá sobre tu mesa, o en un lugar discreto que no llame la atención, pero que a ti te sirva como despertador del espíritu contemplativo, colocas el crucifijo, que ya es para tu alma y para tu mente el manual donde aprendes las lecciones de servicio[10].
Con la misma fuerza con que impulsaba a convertir el trabajo en oración, nuestro Padre insistía en la necesidad de no abandonar los tiempos dedicados exclusivamente al Señor: la Misa y la Comunión frecuentes, los ratos de oración mental, el rezo del Rosario y otras prácticas de piedad largamente experimentadas en la Iglesia; con tanto más cuidado y atención cuantas mayores dificultades surgen a causa de un horario apretado de trabajo, de la fatiga o de los momentos áridos que antes o después no faltan en la vida de nadie. «Tales ejercicios —recordaba don Álvaro— no han de concebirse como interrupciones del tiempo dedicado al trabajo; no son como paréntesis en el transcurso de la jornada. Cuando rezamos, no abandonamos las actividades “profanas” para sumergirnos en las actividades “sagradas”. Por el contrario, la oración constituye el momento más intenso de una actitud que acompaña al cristiano en toda su actividad y que crea el lazo más profundo, porque es el más íntimo, entre el trabajo realizado antes y el que se tornará a realizar inmediatamente después. Y, paralelamente, justamente del trabajo sabrá obtener materia con que alimentar el fuego de la oración mental y vocal, impulsos siempre nuevos para la adoración, la gratitud, el confiado abandono en Dios»[11].
Dentro de pocos días marcharé a Ecuador, Perú y Brasil, para estar con mis hijas y con mis hijos, y alentar su labor apostólica. Os ruego que, como siempre, me acompañéis en este viaje con vuestra oración, con el ofrecimiento de vuestro trabajo y de vuestro descanso, los que ahora estéis disfrutando de un tiempo de vacaciones. Cuidad el trato con Dios también en esos días, recordando lo que nuestro Padre nos enseñó: siempre he entendido el descanso como apartamiento de lo contingente diario, nunca como días de ocio.
Descanso significa represar: acopiar fuerzas, ideales, planes… En pocas palabras: cambiar de ocupación, para volver después —con nuevos bríos— al quehacer habitual[12].
También en este mes se cumple el 75º aniversario de cuando el queridísimo don Álvaro respondió al Señor: ¡aquí estoy! A su intercesión confío vuestra fidelidad y la mía, para que sea diariamente enteriza, y para que me sostengáis en mis intenciones.
Con todo cariño, os bendice
vuestro Padre
+ Javier
Pamplona, 1 de julio de 2010.
——————–[1] Lc 18, 1.
[2] 1 Ts 5, 17.
[3] Cfr. San Jerónimo, Tratado sobre los Salmos, Comentario al Salmo I (CCL 78, 5-6).
[4] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 8.
[5] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 23-IV-1959.
[6] Benedicto XVI, Homilía, 19-III-2006.
[7] Juan Pablo II, Carta apost. Novo Millennio ineunte, 6-I-2001, n. 31.
[8] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 30-X-1964.
[9] Don Álvaro del Portillo, Il lavoro si trasformi in orazione, artículo publicado en la revista “Il Sabato”, 7-XII-1984 (“Rendere amabile la verità”, Libreria Editrice Vaticana, Roma 1995, p. 649).
[10] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 67.
[11] Don Álvaro del Portillo, cit., pp. 650-651.
por favor me informa cuando tienen el próximo retiro espiritual organizado por el Opus Dei en Madrid, número de días dura y su costo.
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en Madrid se organizan muchos retiros para chicas, jóvenes, señoras. Si quieres, te puedes dirigir a http://www.caballerodegracia.org/, por ejemplo. Te atenderán encantados.
avefelix escribió:pertenecí al OD 12 años como supern.. hace 4 años que no.
Tal vez no era mi camino, hay cosas con las que no puedo vivir, soy una persona demasiado afectiva y me molestaba la excesiva formalidad con la que se vivían muchas cosas, incluso en el trato con Dios. Como digo puede que no sea este mi camino respeto a los que se sienten allí felices, pero….Sigo practicando mi Fe…pero esas son las cosas nunca entenderé de la espiritualidad del Opus D. Me cansé de sentirme como una oveja negra… entre tanta “perfección” y apariencia.
Enfin quería expresar esto, y solo decir que cosas que hacen felices a unos a otros nos puede hacer la vida imposible para que lo tengan en cuenta cuando hagan “proselitismo”.
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Mira cada caminante siga su camino:
Has intentado ser generosa con lo que Dios te pedía: eso ya es muchísimo. Quédate tranquila.
No era tu camino: ¡pues genial! nadie te dice nada, mas bién todo lo contrario, si no, no te seguirían invitando a cosas ¿no?
Ahora tu preocupación:
Hay una cosa que me ronda y son las confidencias…¡por qué se ventila la vida privada de una persona entre varias de la misma casa!, a mí me ocurrió…en la confidencia está la penitencia…? Me parece una forma muy invasiva de dirección.
Me vas a perdonar, pero tú como sabes que tus cosas se ventilan? Esa acusación es muy grave
Yo llevo 40 años en el Opus Dei y no me creo para nada que mis cosas se ventilen en ningún sitio.
¿Cómo que a ti te ocurrió?
Y ¿en la confidencia está la penitencia? Creo que te equivocas de medio a medio: ya quisieran muchos por ahí tener a alguien en quien poder confiar, y con quien hablar de tus cosas íntimas, y recibir buenos consejos, que por ser de alguien fuera de ti, siempre suelen iluminar de una manera especial el alma y son una ayuda estraordinaria para la lucha.
¡Hay del que está solo! dice la escritura santa, y es verdad.
La bendita charla fraterna.
¿Una penitencia? ¡¡Ya la quisieran muchos!!
Yo cada semana le doy gracias a Dios por ella y por la oportunidad de la Confesión con el sacerdote.
Además me vas a perdonar, pero es lo que hacen en los cafés por ahí la gente, pero de una manera más desgarradora, más triste. A veces no saben en quién confiar.
Por ahí la gente está deseando que alguien le escuche, aunque no sea más que en el plano humano, imagínate el sobrenatural.
Rezo por ti, para que seas de verdad un “ave feliz”
HACE MUCHO, HE OIDO HABLAR DEL OPUS DEI Y TENGO UNA GRAN CURIOSIDAD DE CONOCER VUESTRA COMUNIDAD.
AGRADECERIA CUALQUIER INFORMACION QUE ME PUEDA BRINDAR.
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Por aquí hay algún colombiano que te saludará.
Para conocer más sobre el Opus Dei, puedes consultar esta página: Opus Dei en Colombia
o preguntar lo que quieras en este foro.
Como resumen, te puede decir que el Opus Dei se dirige sobre todo a los laicos y su misión consiste en difundir el mensaje de que el trabajo y las circunstancias ordinarias son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad. El Opus Dei colabora con las iglesias locales, ofreciendo medios de formación cristiana (clases, retiros, atención sacerdotal), dirigidos a personas que desean renovar su vida espiritual y su apostolado.
Permíteme, si tanto te impactó ¿por qué no te animas y te acercas al menos a recibir los medios de formación para hacerte más santa y hacer más apostolado? Puedes preguntar aquí o en www.opusdei.es
Los clubes los hay de todo, hay de bachilleres para abajo, y luego los universitarios para arriba, yo he estado en ambos, cuando era pequeña iba al de bachilleres para abajo, y los planes eran de diario por ejemplo iba al club a estudiar, los viernes, es el típico día de club, es decir, l@s niñ@s van al club, y ajetrean el ”corral’ cada nivel (las niñas se dividen por niveles, según las edades, en plan 3º y 4º de primaria juntas; etc) tiene sus actividades, en el club de chicas por ejemplo, las pequeñas tienen a lo mejor cocina (aprenden a hacer galletas, pizzas…) también tienen a lo mejor la fiesta de la gominola (una yinkana en la que las niñas de niveles superiores pueden ayudar a montar y organizar); las mayores a lo mejor tienen algún medio de formación y luego se pueden ir a cenar por ahí… los sábados por ejemplo teníamos en mi centro plan de ir a montar a caballo, o jugar al tenis y luego meditación, para terminar con una cena con peli…
Y ya en centros universitarios, pues de diario, está a disposición el estudio del centro, para que los jóvenes puedan estudiar; también pueden tener sus medios de formción algún día de entre semana; un día a la semana (generalmente los sábados) habrá meditación con el sacerdote del centro… y luego planes diverosos: hacer deporte, montar barbacoas en casa de alguien; convivencias de estudio en alguna casa de alguien del club que tenga a disposición… etc… a parte, se hace voluntariado, o visitas de pobres. Por ejemplo yo he ido al Cotolengo con el club, hemos pintado casas, he dado clases a niños inmigrantes en una ONG que iba con las del club… en fin, infinitos planes… el problema es que yo soy de Madrid y conozco los de Madrid por mis hermanos… pero en la página oficial del Opus Dei, puedes informarte mejor preguntando… http://www.opusdei.es/write.php
Para Madrid también puedes mirar: http://opusdeimadrid.es/