Entradas etiquetadas prelatura Opus Dei

aprobacion de la prelatura

tienes algun material por el dia de la aprobacion de la prelatura del Opus Dei?
feliz dia
saludos y encomienda a Mariano

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Cuenta con mis oraciones. Sí, lo tienes en http://www.opusdei.es/art.php?p=41555

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Los Colegios SÍ son de la Obra?

Me encanta tu ingenuidad de Opus Dei colegios; creo que es bueno que ella exista en los años que tienes pero he de decirte que estás completamente confundido con los entresijos de un Colegio de la Obra y te lo digo yo que he trabajado 16 años en uno de ellos y con dolor de mi corazón me tuve que ir, voluntariamente, y quitar a mis hijos que ya tenían allí a sus amigos por cosas que ví. Los Colegios SÍ son del Opus Dei. Alguno de ellos con su titularidad como tal y otros disfrazados.
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Qué pena que tuvieras que sacar a tus hijos de los colegios “por las cosas que viste”. Sin embargo, creo que:1) En los colegios hay gente del Opus Dei – junto con otros que no lo son.
2) No son del Opus Dei al no estar centralizados. Cada uno es independiente en la financiación, la calidad académica, disciplina, plan de estudios, atención a los padres de familia, “cosas que ves”, etc. Sí son del Opus Dei al tener alguna relación con la Obra.
3) Los que dices que son oficialmente de la Obra, es porque el Opus Dei está involucrado (en lo que se refiere a la formación cristiana, pero más que eso pues todo el ethos de la institución se ve afectado, de manera positiva). Y entonces la Obra tiene algo que decir al nombrar al cuerpo directivo y dar a conocer la relación que la institución tiene con la prelatura.
4) Los que según tú están “disfrazados” son colegios que se inspiran en el espíritu de la Obra y quizá algunos miembros trabajen ahí, pero son iniciativa de un grupo de personas, y por tanto su responsabilidad.
5) El espíritu del Opus Dei funciona con o sin colegios, o sea que no son esenciales para nada. Son instituciones que buscan dar un servicio importantísimo a la sociedad y que a los padres de familia les interesa que ayuden en la formación de sus hijos. Si me presionas te digo mi opinión personal: ¡los colegios son una carga!, auténtico servicio, pero carga al fin. No sabes la cantidad de gente (del Opus o no) que está dispuesta a sacrificar una carrera profesional alternativa y “exitosa” para enterrarse y enseñar mate a los chicos.

Post-scriptum: Me gusta que tengas bien claro, al sacar a tus hijos, que la responsabilidad de la educación y formación de tus hijos es vuestra, no del colegio. Ni hablar, hay muchas cosas qué mejorar. Y luego, creo que se entiende muy bien la relación de la Obra con las organizaciones en las que está involucrada o relacionada si piensas en una persona del Opus Dei: Yo por ejemplo. Tengo un trabajo de investigador que trato de hacer bien pero podría meter la pata un día de estos. En este ejemplo, la Obra no tiene responsabilidad por lo que haga bien o mal, pues la responsabilidad es mía; y luego, la Obra no me dice qué líneas de investigación seguir o dónde intentar publicar mis trabajos, o con qué académicos relacionarme. Pues lo mismo con las universidades o colegios con las que está relacionada la Obra, un asunto es la formación cristiana y otro las decisiones técnicas o profesionales que se tomen… completa responsabilidad de los encargados y los que ahí laboran.

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Ordenación de 32 diáconos en el Año Sacerdotal

El sábado 7 de noviembre Mons. Javier Echevarría ordenó diáconos a 32 fieles de la Prelatura del Opus Dei. La ceremonia tuvo lugar en la Basílica de San Eugenio, en Roma.

08 de noviembre de 2009

Los ordenandos al inicio de la ceremonia



Numerosos familiares y amigos han acompañado a los ordenandos durante la ceremonia. El Prelado ha hablado del servicio al que están llamados, y ha invitado a los presentes a rezar por las vocaciones sacerdotales, “con más insistencia en el curso de este Año Sacerdotal, pues estamos en un tiempo de gracia específica y todos estamos llamados a colaborar activamente”.

“Recemos de modo especial por estos hermanos nuestros –ha sugerido el prelado– para que sean servidores fieles del misterio de la Redención, al que hoy son llamados por un nuevo título y con una nueva responsabilidad. Hemos de proponernos que nuestra oración llegue a todos los ministros de la Iglesia, desde el Romano Pontífice al último diácono recién ordenado, a los obispos y sacerdotes del mundo entero”.

Mons. Echevarria ha evocando la figura del Santo Cura de Ars: “Aunque vuestras ocupaciones sean distintas de las suyas –ha dicho a los nuevos diáconos- el Santo Cura de Ars es siempre un modelo de santificación en el ejercicio del ministerio. Benedicto XVI recuerda cómo visitaba sistemáticamente a los enfermos y a las familias; organizaba misiones populares y fiestas patronales; recogía y administraba dinero para sus obras de caridad y para las misiones; adornaba la iglesia y la dotaba de paramentos sagrados”.

El prelado se ha referido también a otro modelo “muy accesible y cercano: San Josemaría Escrivá de Balaguer, que ha encarnado de modo egregio la figura del ministro sagrado. Meditad una vez más —tratemos todos de hacerlo— en sus enseñanzas y en tantos detalles de su vida; de este modo lograremos ser mejores fieles seguidores del Divino Maestro”.

Los nuevos diáconos son:

Antonio Serrano Gotarredona (España);
José Juan Sánchez González-Dans (España);
Francisco Javier Pizarro Jiménez (España);
Julio Alberto Lagos (Canadá);
Fernando Ángel Cassol Zanchetta (Argentina);
Joan Fernández Capo (España);
Pedro Matías Rivas (Panamá);
Emilio Ángel Vázquez Gestal (España);
Jordi Valentí Azcárate (España);
Miguel de Castro Caldas Cabral (Portugal);
Cristián Sahli Lecaros (Chile);
José María Azevedo Moreira (Portugal);
Rodrigo Schablatura Antunes (Brasil);
Óscar Regojo Zapata (España);
James Patrick Hurley (Irlanda);
Juan Miguel Rodríguez Llamas (Ecuador);
Fernando Armas Faris (Guatemala);
Elías Capapé González (España);
Agustín Stevenazzi (Argentina);
Pedro López Martín (España);
Luciano Guimarães (Brasil);
Anthony Griffin (Canadá);
Antonio Alonso López (España);
Juan Pablo Wong González (México);
Rubén Herce Fernández (España);
Arturo José Bellocq Montano (Uruguay);
Álvaro Ignacio Palacios Díez (Chile);
Francisco Javier Yániz Fernández (España);
Alberto Garnique de la Barrera (Perú);
Felipe de Jesús Álvarez Miranda (México);
Mesomma Basil Isiekwe (Nigeria);
y Jorge Federico Herrera Gabler (Chile).

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Sou Cooperadora do Opus Dei em Portugal

Ola. Sou Cooperadora do Opus Dei em Portugal e agradeço pelas grandes iniciativas que têm feito. Espero que se saiba a verdade sobre esta Prelatura, mesmo que seja, de alguma maneira, um pouco dolorosa. Temos que ser amigos com todos, mesmos com aqueles que se afastaram da Obra. Um abraço, Olga.

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Gracias Olga, todas las almas nos interesan, unas de cerca, otras de lejos, pero para todos tenemos.

Se que si he podido leer tu post podras leer el mio, sino que me ayude Rosario que es de por allá.

Saludos desde Mexico
Rogelio.

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Opus Dei colegios: nueva página web

Mi hemana Pilar acaba de terminar una web llamada Opus Dei colegios, copio la presentación que ella misma hace de su web:

Pilar Opus Dei Colegios

Me llamo Pilar González, estoy acabando la carrera de Farmacia. Y he estudiado en uno de los mal llamados “colegios del Opus Dei.

Me ha parecido interesante hacer esta página por dos razones:

1. Para aclarar algunas confusiones que encuentro frecuentemente en el trato con amigos y colegas: No existen “colegios del Opus Dei”. Así de sencillo ¿Es fácil de entender? Sí, si se entiende bien qué es el Opus Dei.

2. Porque no encuentro ninguna página en Internet donde sea relativamente fácil informarse de colegios cuya atención espiritual está encomendada a la Prelatura del Opus Dei. Me imagino que esto es así, porque no forman ninguna agrupación, ni tienen todos el mismo ideario (partiendo de lo básico, pues lógicamente todos procuran ofrecer una buena formación cristiana, que es lo que precisamente se encomienda al Opus Dei).
Por eso, a continuación respondo a tres preguntas básicas:

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Mons. Ocáriz: «Las puertas del Opus Dei están abiertas a todos»

Monseñor Fernando Ocáriz (París, 1944) es la persona más cercana al prelado del Opus Dei. Publicamos una entrevista de la agencia Zenit en la que habla de la figura jurídica de la Prelatura Personal.
En una entrevista a Zenit, a la luz de los primeros 25 años de la erección del Opus Dei como prelatura personal -la única del mundo-, su vicario general revela cuál es la relación de esta institución con las diócesis y explica que el a veces supuesto «poder» de «la Obra» no es otro que el derivado del Evangelio.

seguir leyendo . . .

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Me considero cofundadora

YO CONOCI AL OPUS DEI CUANDO TENIA 17 AÑOS, AHORA SOY CASI ABUELA , Y ME CONSIDERO COFUNDADORA PORQUE ESTUVE EN ROMA ESTUDIANDO EN VILLA DE ROSE, ES MUY BONITO, VER QUE EN LA PRELATURA SOMOS UNA GRAN FAMILIA, DONDE TRATAMOS DE SEGUIR EL EJEMPLO DE SAN JOSEMARIA A A TRAVES DE VIVIR DENTRO DE NUESTRA PROFESION CON LA MAYOR PERFECCION LA SANTIDAD Y FRECUENTAR LOS SACRAMENTOS, EN MEDIO AUN DE ADVERSIDADES. LAS CARTAS DE EL PRELADO QUE NOS ENVIAN Y LAS POSTALES DE NAVIDAD SON MUY ALENTADORAS LAS CUALES AGRADEZCO EN EL ALMA QUE ME LAS HAGAIS LLEGAR DESDE SONORA MEXICO D TERE I DE WENDLANDT

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Orden jerárquico

Hola, siempre he tenido la curiosidad del orden jerarquico y las distintas tareas que tienen los miembros del Opus Dei. Me podrian explicar?

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Te copio la explicación que aparece en la página oficial del Opus Dei:

“En el Opus Dei no existen distintas categorías de miembros. Existen simplemente modos diversos de vivir la misma vocación cristiana según las circunstancias personales de cada uno: solteros o casados, sanos o enfermos, etc.”

y te anoto el enlace por si quieres más información. http://www.opusdei.es/art.php?p=18789.

Y este otro sobre la organización de la Prelatura: http://www.opusdei.es/art.php?p=124

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¿El Opus Dei se dirige a un grupo particular de gente?

No. Cualquier persona puede pertenecer al Opus Dei, independientemente de sus talentos, habilidades o su estrato social. Es Dios quien da la vocación, y en la práctica hay personas de todas clases. Cuando el Opus Dei se ha desarrollado durante el tiempo necesario en un país, la mezcla social de los fieles de la Prelatura es muy parecida a la que puede haber en el país en cuestion. Un objetivo del Opus Dei es promover la llamada universal a la santidad, lo que implica que cada persona es llamada por Dios para ser santa, con independencia de su ocupación o su posición social.
Por supuesto, las labores corporativas del Opus Dei (escuelas, hospitales y otros proyectos sociales) están abiertos a cualquiera, sin importar la raza, nacionalidad, la religión o el estrato social. En ocasiones, esta perspectiva ha supuesto un planteamiento innovador en países donde no había esta mezcla cultural o social.

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Carta del Prelado (junio 2009)

 

Las fiestas litúrgicas el mes de junio dan pie al Prelado del Opus Dei en su carta mensual para invitar a tratar con más intimidad a Dios en la vida ordinaria.

03 de junio de 2009

 

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Ayer celebramos la solemnidad de Pentecostés, que este año ha coincidido con el final del mes de mayo. Como en la primera Pentecostés, la Santísima Virgen nos ha ayudado a prepararnos para recibir una nueva efusión del Paráclito. Ahora, al recomenzar el Tiempo ordinario, podemos tomar esta circunstancia como una invitación más a santificar la vida corriente de cada día, entretejida de horas de trabajo y de las múltiples relaciones que se originan en el trato familiar y social. Se repite lo que nos enseñaba nuestro Padre: no cambia lo externo del trabajo y, a la vez, diariamente, ¡cambia!, por el amor nuevo que pongamos al realizarlo.

La existencia cotidiana nos marca verdaderamente el campo de nuestra lucha —promovida y sostenida por la gracia— para identificarnos más y más con Cristo y, de este modo, ser mejores hijos de Dios. Deseo describir esta realidad con la expresión tan acertada que San Josemaría dejó señalada en una homilía: cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…. Me parece oír todavía el eco de la fuerza con que pronunció la palabra “martilleo”, porque nuestro Padre fue un gran pedagogo con la palabra y con los hechos, para que se nos grabase a fondo el espíritu que Dios había puesto en su alma.

Desempeñar con amor a Dios y a los demás las acciones diarias: en esto consiste el secreto de la santidad a la que Dios llama a los cristianos que viven y trabajan en medio de las realidades temporales. Este programa se nos torna posible porque —como enseña la Sagrada Escritura— el Señor ha tomado la iniciativa: nosotros amamos, porque Él nos amó primero. Me gusta recordarlo al comenzar el mes de junio, en el que —de tantos y tan diversos modos— la liturgia pone de relieve el amor de Dios a sus criaturas. Lo hemos considerado detenidamente al celebrar los principales misterios de la historia de la salvación: la Encarnación, Pasión y Muerte de Jesucristo su Resurrección y gloriosa Ascensión a los cielos. En las próximas semanas, la liturgia nos hace celebrar tres fiestas que tienen un carácter “sintético”: la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y, por último, el Sagrado Corazón de Jesús. Estos días, tan señalados para quienes se saben hijos de Dios, se nos presentan como manifestaciones del amor de Dios por los hombres y, en este sentido, constituyen una síntesis de todos los misterios salvíficos.

El domingo, día 7, celebraremos la solemnidad de la Trinidad Santísima. Con esta gran fiesta, la Iglesia nos invita a considerar el Misterio de la naturaleza íntima del Dios único, que quiso revelarse paulatinamente por medio de los profetas y se manifestó plenamente en Jesucristo. Ya en el Antiguo Testamento, pasando ante Moisés en el monte Sinaí, se mostró como el Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad. Esta declaración era una primera explícita manifestación de las riquezas contenidas en el nombre de Yahveh, revelado anteriormente a Moisés. A la vez, ese Nombre inefable seguía envuelto en los velos del misterio. Sólo en el Nuevo Testamento se nos ha hecho presente con más claridad la vida íntima de Dios. San Juan, el discípulo amado del Señor, que reclinó su cabeza sobre el pecho del Maestro en la Última Cena, ha escrito —inspirado por el Espíritu Santo— que la identidad más profunda de Dios se resume en una sola palabra: Amor. Deus caritas est, Dios es Amor. Y como demostración diáfana nos envió a su Hijo: tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito.

Benedicto XVI comenta que ese nombre, Amor, expresa claramente que el Dios de la Biblia no es una especie de mónada encerrada en sí misma y satisfecha de su propia autosuficiencia, sino que es vida que quiere comunicarse, es apertura, relación. Palabras como “misericordioso”, “compasivo”, “rico en clemencia”, nos hablan de una relación, en particular de un Ser vital que se ofrece, que quiere colmar toda laguna, toda falta, que quiere dar y perdonar, que desea entablar un vínculo firme y duradero. Siendo el Amor por esencia, nuestro Dios no es un Ser solitario, encerrado en una lejanía trascendente, ajeno a las preocupaciones de los hombres. Dios es trinidad de Personas, tan unidas y compenetradas que son un solo y único Dios. Esta revelación de Dios se delineó plenamente en el Nuevo Testamento, gracias a la palabra de Cristo. Jesús nos manifestó el rostro de Dios, uno en esencia y trino en personas: Dios es amor, Amor Padre, Amor Hijo y Amor Espíritu Santo.

Al revelarnos el misterio de su vida íntima, Dios —por expresarlo de algún modo— nos ha mostrado su rostro, nos ha comunicado que desea acogernos en su amistad; más aún, que quiere hacernos hijos suyos, partícipes de su misma Vida. Por estas razones, la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad celebra la suprema revelación del Amor divino. De ahí que San Josemaría recomendara a los cristianos que se esfuercen por conocer y tratar a cada una de las Personas divinas. Aprende a alabar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Aprende a tener una devoción particular a la Santísima Trinidad: creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo: creo en la Trinidad Beatísima. Espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo: espero en la Trinidad Beatísima. Amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo: amo a la Trinidad Beatísima. Esta devoción hace falta como un ejercicio sobrenatural, que se traduce en estos movimientos del corazón, aunque no siempre se traduzca en palabras.

Queramos afanarnos en tratar así a nuestro Dios. ¿Cómo buscamos su presencia a lo largo del día? ¿Consideramos con frecuencia que somos hijos suyos? ¿Nos empeñamos en imitar a Jesucristo nuestro Hermano mayor y nuestro Modelo? ¿Invocamos con clamores silenciosos al Paráclito, a fin de que nos santifique y nos llene de afán apostólico? ¿Crece nuestra amistad con el Espíritu Santo?

La solemnidad del Corpus Christi, el día 11 (que en algunos sitios se traslada al domingo siguiente, 14 de junio), viene a reforzar estas profundas aspiraciones del alma cristiana. Analizando los diversos momentos de esta celebración litúrgica, el Santo Padre resume así su significado fundamental: ante todo, nos hemos reunido alrededor del altar del Señor para estar juntos en su presencia; luego tendrá lugar la procesión, es decir, caminar con el Señor; y, por último, arrodillarse ante el Señor, la adoración, que comienza ya en la Misa y acompaña toda la procesión, pero que culmina en el momento final de la bendición eucarística, cuando todos nos postremos ante Aquel que se inclinó hasta nosotros y dio la vida por nosotros.

Benedicto XVI sugiere un itinerario interior que resulta válido, no sólo para el día del Corpus, sino para toda nuestra existencia. No cedamos en la decisión de seguirlo con mayor tenacidad en las próximas semanas, con intentos eficaces de aprovechar las gracias que esta solemnidad trae a nuestras almas, con ánimo de ser esencialmente eucarísticos. La participación diaria en el Santo Sacrificio ha de servirnos como una recarga de energía espiritual que nos impulse a mantener una intimidad más habitual y confiada con la Santísima Trinidad, a lo largo de la jornada. La visitas al Santísimo Sacramento, presente en los tabernáculos de las iglesias, nos servirán para conservar vivo y vibrante el amor a Dios y al prójimo, que se manifestará luego en obras de atención fraterna, quizá en detalles pequeños, pero concretos: con las personas de nuestra familia, con los colegas de trabajo, con los amigos, con quienes coincidimos por un motivo u otro. Conocemos que nuestro Padre sacaba toda la fuerza de la Santa Misa y, por eso, cuando debía guardar cama por enfermedad, la primera consideración que manifestaba, el día que se levantaba, era: “¡Tengo hambre de celebrar!”, disposición que fomentaba cotidianamente.

La referencia al Sagrario ha de servirnos, sobre todo, para alimentar el amor a Dios, en justa correspondencia al amor de Dios por nosotros. Nos resultará muy útil considerar la experiencia personal de San Josemaría, que —en medio del trabajo más absorbente— se hallaba siempre pendiente de Jesús en el Santísimo Sacramento. Cuando entro en el oratorio —afirmaba— no me da ningún reparo decir al Señor: Jesús, te amo. Y alabo al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que están presentes en la Sagrada Eucaristía junto a la Humanidad Santísima de Jesucristo, porque donde se halla una Persona divina se encuentra necesariamente la Santísima Trinidad. Y le echo una palabra de cariño —así: le echo, como se echa una flor— a mi Madre Santa María. Y me acuerdo de saludar a los Ángeles, que custodian el Sagrario en una vigilia de amor, de adoración, de reparación, haciendo la corte al Señor Sacramentado. Les agradezco que estén allí todo el día y toda la noche, porque yo no puedo hacerlo más que con el corazón: ¡gracias, Santos Ángeles, que hacéis la corte y acompañáis siempre a Jesús en la Sagrada Eucaristía!.

No es necesario añadir más: pienso que estas confidencias de nuestro Padre espolearán en cada una y en cada uno de nosotros el hambre, el afán, el más vivo deseo de mejorar nuestro trato con Jesús sacramentado.

Llegaremos así muy bien preparados a la tercera solemnidad litúrgica, la del Sagrado Corazón de Jesús, en la que la grandeza del Amor divino se nos manifiesta elocuentemente. Al tratar ahora del Corazón de Jesús —escribió San Josemaría, ponemos de manifiesto la certidumbre del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotro. ¿Qué prueba mayor podía darnos, que mostrarnos su Corazón atravesado por la lanza, abierto de par en par, como una invitación a descansar en Él, a encontrar en Él nuestro refugio en los momentos de pena o de tribulación? Queramos, además, desagraviarle por los pecados con que es ofendido: los nuestros y los de tantos que no reconocen la grandeza de su sacrificio por cada hombre y por cada mujer, sin excepciones.

Ese día, además, comienza el año sacerdotal que Benedicto XVI ha convocado en la Iglesia universal, con ocasión del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. Procuremos animar a todas las personas que podamos —comenzando por los fieles de la Prelatura y todos los que se benefician de sus apostolados— a estar en primera línea, junto al Papa y a los Obispos, rezando para que no falten en la Iglesia muchos y santos sacerdotes.

El 29 de junio, solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, concluye el año paulino. A lo largo de estos meses, meditando la vida y las enseñanzas del Apóstol de las gentes, hemos aprendido a amar más a Nuestro Señor; y ese amor nos habla de la raíz de la verdadera libertad. Saulo lo aprendió en el camino de Damasco, cuando vio a Jesucristo glorioso. A partir de ese momento, habla y actúa movido por la responsabilidad del amor: se siente soberanamente libre, con la libertad del amor. Con ese mismo espíritu —explica el Papa— San Agustín formuló la frase que luego se hizo famosa: “Dilige et quod vis fac” (Tract. in 1 Jo 7, 7-8), “Ama y haz lo que quieras”. Quien ama a Cristo como lo amaba San Pablo, verdaderamente puede hacer lo que quiera, porque su amor está unido a la voluntad de Cristo y, de este modo, a la voluntad de Dios.

No me detengo a comentar otras fiestas y aniversarios de este mes: el Inmaculado Corazón de María, el aniversario de la ordenación de los primeros sacerdotes de la Obra, la fiesta litúrgica de San Josemaría… Cada una de esas fechas, a su modo, puede y debe suponer un nuevo impulso para intensificar nuestra entrega a Dios y a los demás por Dios, y nuestros afanes apostólicos con hechos concretos.

Seguid rezando por todas mis intenciones; de modo especial por el comienzo de la labor estable de la Prelatura en Indonesia, Rumania y Corea.

Con todo cariño, os bendice

                                vuestro Padre

                                   + Javier

Roma, 1 de junio de 2009.

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