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Hace 19 años

Hace 19 años, el beato Juan Pablo II celebró en la Plaza de San Pedro la beatificación del Fundador del Opus Dei. Señalamos algunos recursos que el website del santo ofrece en esta fecha.

17 de mayo de 2011

Opus Dei -

Website de San Josemaría (en 10 idiomas).

Homilía del beato Juan Pablo II el 17 de mayo de 1992.

El Prelado habla del “entendimiento” entre el beato Juan Pablo II y San Josemaría.

Algunos relatos de quienes han pedido un favor a San Josemaría

(Documental) “Inspirados para amar”: san Josemaría sigue enseñando a amar en todo el mundo: en esa página clicke sobre “Documental completo” para ver todo el vídeo.

de opusdei.es

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Homilía de la Misa celebrada por el Padre en Pamplona

Homilía de la Misa celebrada por Mons. Javier Echevarría en el campus de Pamplona con motivo del 50º aniversario de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra y erección del Estudio General de Navarra en Universidad

Estamos asistiendo, en el Campus de la Universidad de Navarra y en circunstancias semejantes a las de hace 50 años, al acontecimiento supremo de la Historia de la humanidad: el Sacrificio de Cristo, que se hace presente de modo sacramental en la Eucaristía: lo ofrecemos a la Trinidad Santísima, en acción de gracias, con ocasión del quincuagésimo aniversario de la constitución de la Asociación de Amigos y de la creación del Estudio General de Navarra en Universidad. Pasmémonos ante este Santísimo Misterio de la Misa, por el que el Señor ha querido acercarse del modo más íntimo a nosotros, ofreciéndonos la posibilidad de participar en su misma Vida, con vistas a gozar de la plenitud de esa intimidad, ya para siempre, cuando acudamos a su encuentro definitivo.

El marco externo de esta celebración es el mismo en el que San Josemaría, Fundador del Opus Dei y primer Gran Canciller de esta Universidad, celebró la Santa Eucaristía, en 1967. No me detendré en los detalles externos de entonces, que –comentados en aquella homilía- tanto ayudaron a los que nos encontrábamos presentes, pero sí me serviré del texto que, de pie junto al altar, pronunció este santo sacerdote.

El eco de sus palabras sigue resonando en muchísimas almas: han servido y sirven para que innumerables cristianos se hayan tomado más en serio su respuesta al Amor de la Trinidad, conscientes de que nuestra existencia ha de girar, en unidad de vida, alrededor del Sacrificio de Jesucristo, en el que el Amor infinito de Dios se derrama sobre la humanidad.

San Josemaría nos hizo considerar nuevamente –pues su predicación empezó en 1928- que la vida cristiana, la de cada jornada, tiene que desarrollarse, en las circunstancias más diversas, con referencia a la Eucaristía. Nos mostró que, si queremos –porque la gracia de Dios nunca nos falta-, el misterio eucarístico informa y alienta el verdadero curso de nuestro caminar cotidiano.

Precisó entonces, con agradecimiento y convicción, que «el sacrificio sacramental del Cuerpo y de la Sangre del Señor (…) anuda en sí todos los Misterios del Cristianismo»1. Es decir, nos remachaba que no sólo se dirigen a nosotros esos dones, sino que entramos de lleno en los misterios de Dios, para engrandecer toda nuestra vida, con un encuentro en el que la plenitud de Dios se nos entrega, tanto en lo extraordinario como en lo corriente, en el mismo desenvolverse de la vida ordinaria.

Llenémonos de gozo y de sentido de responsabilidad, porque es muy cierto que Deus nobiscum, Dios está con cada uno de nosotros; y que es Deus ad salvandum, un Dios para salvarnos. En cuanto acaece, podemos descubrir la riqueza del Amor del Señor por sus criaturas. Por eso, San Josemaría nos insistió en que la posibilidad de elevar al orden sobrenatural hasta lo más material, nos queda patente porque Dios ha querido utilizar el pan y el vino, fruto de la tierra y de la mano del hombre, para que se transformen en el Cuerpo y la Sangre del mismo Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, pues ha tomado nuestra naturaleza, con todas sus características, excepto el pecado, para llevar a cabo nuestra salvación.

El primer Gran Canciller de la Universidad nos animó –lo hace ahora desde el Cielo- a que, como consecuencia de una profunda vida eucarística, esencialmente eucarística, y conociendo que el mismo Dios hecho hombre ha decidido recorrer nuestros caminos, sepamos descubrir el quid divinum que se encierra en todas las circunstancias y ocupaciones, hasta las que parecen más materiales. Seremos más plenamente hombres, más plenamente mujeres en la medida que queramos y permitamos que el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos alimenten y nos embriaguen de modo que la nuestra sea una continuación de su Vida: ¡podemos conseguirlo siempre, si le miramos más, si le tratamos más, si le amamos más!

Tengamos muy presente que, como nos invitó San Josemaría, hemos de atenernos «sobriamente, a la realidad más material e inmediata que es donde está el Señor»2, es decir, a nuestro vivir diario. Este santo sacerdote que, a lo largo de su caminar terreno, no cesó de querer ver con los ojos de Cristo, Domine, ut videam; y de actuar en Cristo y por Cristo, Domine, ut sit; nos exhorta a dar trascendencia divina a nuestra jornada cotidiana. Y, precisamente por esto, no se cansó de aconsejar y repetir que quienes nos sabemos hijos de Dios, hemos de “hacer del día una Misa”, ya que este gran Misterio, el mismo Santo Sacrificio del Calvario, ha atado definitivamente el Cielo y la tierra. Sí, queridos hermanos y hermanas, cuando miramos con Cristo, cuando actuamos en Cristo y por Cristo, cuando vivimos la Misa nos ofrecemos con Él a Dios Padre, por el Espíritu Santo «uniéndonos a sus intenciones, en nombre también de todas las criaturas»3.

Remueve hondamente la certeza de que, a pesar de nuestra pequeñez, de la propia debilidad personal, nuestra existencia adquiere una gran dimensión, si la gastamos con Jesucristo. Dios, mediante la Eucaristía, nos hace Iglesia, Cuerpo del mismo Señor, y nos coloca en su barca para que naveguemos coherentemente por todas las aguas de la sociedad, anunciando que Dios llama a todos a la santidad. El caminar de cada uno en este mundo nuestro –que Dios ama apasionadamente, hasta entregarnos a su Hijo- está enlazado con la Eucaristía, ya que la fuerza que dimana del Cuerpo y de la Sangre de Jesús nos capacita para hacer divinos todos los caminos de la tierra, dando realidad a aquellas palabras de San Josemaría: «Cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de trascendencia de Dios»4. Si nos decidimos a emprender esta senda, a veces estrecha y dura, sabremos acoger con alegría –quizá sorbiéndonos las lágrimas el peso del dolor, cuando lleguen la enfermedad, las secuelas de la pobreza, de la incomprensión, hasta de los buenos, porque descubriremos, no un determinismo despiadado, sino la mano amorosa de nuestro Padre del Cielo, que nos bendice con la exigencia amable de la Cruz.

La eficacia infinita de la Santa Cruz nos viene comunicada por el Señor, de modo especial en el Sacramento de la Eucaristía, «la acción más sagrada y trascendente que los hombres, por la gracia de Dios, podemos realizar en esta vida»5. La santificación de cada momento –respuesta a la confianza de Dios, que nos entrega cinco, dos talentos es siempre servicio al Reino de Cristo del que la Iglesia –gobernada por el Papa y los Obispos en comunión con él- es «germen y principio»6, y de la que nosotros somos parte. Por eso, este sacerdote, siervo bueno y fiel, nos repitió con gran constancia y fortaleza: todos, cada una, cada uno, somos –es- Iglesia y tenemos que hacer la Iglesia, descubriendo que el trabajo, la vida en familia, el reposo, todo es “medio y ocasión de nuestro encuentro con Cristo”7.

En esta pelea santa de secundar el querer de Dios, ya desde que era muy joven, San Josemaría fomentó en su alma –y lo aconsejaba a los demás- el recurso al Paráclito, que guarda una estrecha relación con la Cruz y, por tanto, con la Eucaristía. Lo expresaba con palabras sencillas y profundas, al considerar que «el Espíritu Santo es fruto de la Cruz»8 y que, después de la recepción de la Sagrada Comunión, “cuando desaparecen las especies, queda el Espíritu Santo”. Esta presencia íntima de Dios en nosotros nos ha de impulsar a tomarnos más en serio la santificación de cada jornada.

Es verdad: la tarea es ardua, exige esfuerzo constante. Pero os repetiré a cada uno con San Josemaría: apoyado en la gracia, ¡tú puedes! Así nos exhortaba, porque siempre palpitó en su corazón una realidad maravillosa: cada hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y llamado a participar de la intimidad divina como hijo de Dios Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo. Al disponerlo así, nos confía el encargo de colaborar con Él en la salvación de este mundo. También llegaba a esta conclusión al ser consciente –en su profunda humildad- de que tenía que hacer el Opus Dei, cuando no contaba con ningún medio humano, sólo con su juventud y, sobre todo, con la gracia de Dios. Desde esta perspectiva, bien convencido de su poquedad, no cesaba de repetirnos que todos podemos ser capaces de regenerar el mundo, de convertir la tierra, la humanidad, si cumplimos a fondo nuestro deber.

Me da alegría aludir a otra afirmación de San Josemaría, que predicó repetidamente, con valentía y claridad, para que nadie se sienta excluido de este deber. Aseguró sin temor a equivocarse, rompiendo esquemas de los tiempos en los que comenzó la Obra, que el matrimonio es camino vocacional. Y en la homilía que hoy recordamos insistió: «El amor que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a Nuestro Dios»9. Y salta a la vista –como puntualizó en otra ocasión- que, para santificar el camino matrimonial, no es suficiente el amor humano; se precisan las virtudes teologales.

Al dirigirme ahora expresamente a los Amigos de la Universidad de Navarra, recojo otras palabras de ese encuentro en este Campus, que conmemoramos: «Sois parte de un pueblo que sabe que está comprometido en el progreso de la sociedad, a la que pertenece. Vuestro aliento cordial, vuestra oración, vuestro sacrificio y vuestras aportaciones no discurren por los cauces de un confesionalismo católico: al prestar vuestra cooperación sois claro testimonio de una recta conciencia ciudadana, preocupada del bien común temporal; atestiguáis que una Universidad puede nacer de las energías del pueblo, y ser sostenida por el pueblo»10.

Os agradezco de todo corazón vuestra ayuda a la Universidad de Navarra, y bendigo vuestros esfuerzos para que sean más eficaces cada día. Os recuerdo, a la vez, que vuestras actividades, en cada jornada, han de perseguir muy especialmente la santidad, también la de las personas con que os relacionáis. Para revelaros la grandeza de vuestra tarea, y confirmaros en la importancia de vuestro cometido, mencionaré unas palabras que escuché frecuentemente de los labios de San Josemaría desde que le conocí en 1948, y que también pronunció aquí: «La vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa ordinaria. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones cuando vivís santamente la vida ordinaria»11.

Por eso, un cristiano, un hombre de Cristo, un hombre de Eucaristía, no se conforma con trabajar bien, con rectitud: también se comportan así millones de personas que no tratan o no conocen a Dios. La vida profesional y familiar de las mujeres y de los varones que se saben injertados en Cristo por el Bautismo, y que se alimentan de la Eucaristía, buscan convertir su ocupación en instrumento de santificación, de amor y de servicio al Cielo y a la tierra. Nos lo subraya la oración colecta, dirigida a Dios Padre, que hemos rezado, acudiendo a la intercesión y al ejemplo de San Josemaría: “Que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo y sirvamos con amor ardiente a la obra de la Redención”.

Poco después, en la lectura del Evangelio, hemos escuchado el relato de la primera pesca milagrosa. Una escena repetidamente meditada por el Fundador del Opus Dei. Descubría ahí cómo desea el Maestro contar con los hombres de todos los tiempos que ansían seguirle.

Se detiene San Lucas, como hemos escuchado, en un detalle aparentemente marginal. Los pescadores, luego discípulos, están lavando y remendando las redes, tras una noche de pesca en vacío. Redes que simbolizan el trabajo profesional, familiar, con el que se sirve y se construye la sociedad. Pero, obedeciendo a Cristo con lealtad, escuchándole en el desempeño de las diferentes labores, las redes se convierten en instrumento para llevar las almas a Dios, a los sacramentos.

Santifiquemos el trabajo, acabándolo bien, sabiendo que, desde la vida pública, desde la cátedra, desde el quirófano, desde las labores manuales, desde el hogar llegaremos muy lejos, dando cumplimiento a la indicación de Jesús: duc in altum!, llevad hasta los confines de la tierra la red de salvación. Como a los primeros cristianos, no debe frenarnos el ambiente, el secularismo, el materialismo práctico, aunque nos resulten ámbitos enrarecidos, agresivos y hasta hostiles. Llenos de optimismo, ya que poseemos la Verdad de Cristo, la única, meditemos la consideración que nos ofrece San Josemaría: «Todos los mares de este mundo son nuestros, y allí donde la pesca es más difícil es también más necesaria»12.

Al encontrar a Cristo a lo largo de la jornada, al tratarle en medio de los afanes de nuestros hermanos los hombres, ejercitémonos en la fe. Fe en el amor de Dios por nosotros; fe en su Providencia; fe en la fuerza de su mensaje; fe en que nos ha prometido que permanecerá con nosotros hasta el final de los tiempos; fe «finalmente –como apostillaba el primer Gran Canciller de esta Universidad- para demostrar al mundo que todo esto no son ceremonias ni palabras, sino una realidad divina, al presentar a los hombres el testimonio de una vida ordinaria santificada»13.

Antes de concluir, quiero agradecer de todo corazón la presencia de todas las Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades. Mi gratitud va también al queridísimo pueblo navarro y a sus dignos representantes, consciente del apoyo material y moral ofrecido a la Universidad desde la misma constitución del Estudio General, en 1952, elevado por la Santa Sede a rango de Universidad, hace 50 años. Pienso igualmente que esta noble región, tan rica en historia y en tradiciones de servicio a la Iglesia y a la sociedad civil, reconoce con gratitud cuanto esta Universidad ha hecho y hace por Navarra, como dejó patente la Comunidad Foral al conceder su Medalla de Oro a la Universidad, años atrás. Gracias a la formación que esta Alma Mater ofrece a estudiantes de muchos países, y a su reconocido prestigio internacional en campos tan importantes como la Medicina, las Letras, el Derecho, las Ciencias empresariales o la Ingeniería industrial y las Facultades eclesiásticas, por citar sólo algunas de sus áreas, el nombre de Navarra es cada vez más conocido y apreciado en España y fuera de sus fronteras, en naciones de los cinco continentes.

Siento el grato deber de agradecer, por justicia y afecto sincero, el apoyo que, desde el primer momento, demostró la Conferencia Episcopal española a esta Universidad; mi reconocimiento más hondo se dirige también al Excelentísimo Arzobispo de Pamplona, don Francisco Pérez González, y a sus inmediatos predecesores, con un entrañable recuerdo a don Enrique Delgado y Gómez.

Al recordar también el amor con que San Josemaría mandó esculpir la imagen de nuestra Señora del Amor Hermoso, para regalarla a esta Universidad de Navarra, después de haber sido bendecida por el Siervo de Dios, Su Santidad el Papa Pablo VI, quiero dejar en las manos de la Madre de Jesucristo y Madre nuestra, vuestros trabajos, vuestras intenciones, vuestras alegrías y vuestras penas. Desde que pasó este propósito de preparar la estatua por la mente de nuestro primer Gran Canciller, no cesó de comentar que abrigaba el deseo de que, custodiados por las manos de Santa María, que habían cuidado del mismo Dios hecho Hombre, nacieran y se robustecieran los amores nobles de quienes trabajan y estudian en esta Universidad, y de los habitantes de toda la Comunidad Foral: que Ella, Santa María, fomente en nosotros un amor hermoso, es decir, una conducta limpia, generosa, recta, que nos capacite para amar a la Trinidad Santísima, y para amar y servir a todas las personas, en el matrimonio o en el celibato apostólico, según el camino concreto con el que Dios nos ha bendecido a cada uno. Así sea.

1. San Josemaría, Homilía Amar al mundo apasionadamente, 8-X-1967, en “Conversaciones”, n. 113.
2. San Josemaría, op. cit., n. 116.
3. Fórmula de la consagración al Amor Misericordioso.
4. San Josemaría, op. cit., n. 116.
5. San Josemaría, op. cit., n. 113.
6. Concilio Vaticano II. Const. dogm. Lumen gentium, n. 15.
7. Cfr. San Josemaría, op. cit., n. 114.
8. San Josemaría, Forja, n. 759.
9. San Josemaría, op. cit., n. 121.
10. San Josemaría, op. cit., n. 120.
11. San Josemaría, op. cit., n. 116.
12. San Josemaría, Forja, n. 979.
13. San Josemaría, op. cit., n. 123.

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Caminando por la calle yo te vi

Amparo Casassa: el “vivir al día” de una artista canaria.

08 de junio de 2010

Opus    Dei - Amparo Casassa

Amparo Casassa

Caminando por la calle…

Ahora me ha entrado la duda y ya no recuerdo si la letra es de Chambao o de Gipsy Kings… Es una canción que me encanta: “Caminando por la calle yo te vi”. Me evoca tantas cosas… pero quizá podemos hablar de ellas al final.

Soy pintora. Heredé la vena artística de mis padres, aunque ninguno de ellos se dedicó profesionalmente al arte. Cuando falleció mi madre nos encontramos muchos dibujos y bocetos entre sus libros; y mi padre, que estudió Medicina en Granada, también tenía alma de artista. Nos contaba que durante la carrera se compró un torno, con el que hacía bocetos en barro de sus compañeros.

Opus    Dei -

Me dedico a la restauración y la pintura, algo que cuando era pequeña me parecía inalcanzable, porque pensaba sólo en Rafael, en Miguel Angel… Hice Bellas Artes en la Isla y al terminar, como les sucede a tantos artistas jóvenes, me di cuenta de que necesitaba una actividad complementaria que me diese estabilidad económica. Y decidí irme a Sevilla para estudiar restauración. La verdad es que Sevilla es una ciudad que me encanta, y pienso que, en el fondo, fue una excusa mía para pasarme un año entero allí…

Tras licenciarme regresé a Gran Canaria y abrí este taller en las Palmas, donde paso la mayor parte de mi tiempo, restaurando, pintando y dando clases de pintura a personas mayores.

Opus    Dei -

Vivir al día

Mi trabajo tiene algo, o mucho, de aventura, y me exige vivir al día, que no es vivir alocadamente, vertiginosamente y sin pensar. Hay un consejo muy práctico que leí en Camino: “Pórtate bien “ahora”, sin acordarte de “ayer”, que ya pasó, y sin preocuparte de “mañana”, que no sabes si llegará para ti”. Porque ahora no es demasiado pronto, ni demasiado tarde…

A eso me refiero cuando hablo de vivir al día: se trata de vivir confiando, abandonándose, en el amor que Dios nos tiende. Aprendí de san Josemaría -fundador del Opus Dei- esta jaculatoria: Señor, Dios mío: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno. Yo suelo añadir: lo previsto y lo imprevisto, porque a veces la vida te da unos toletazos que te dejan tambaleando… pero hay que remontar.

Me considero una persona afortunada y feliz, a pesar de que he pasado -y paso- por lo que todo el mundo pasa -y más-, de malos tragos, enfermedades, disgustos, problemas, incertidumbres…

El truco para no perder la paz es muy sencillo: consiste en levantarse por la mañana y acostarse por la noche sabiendo que todo tu día tiene un único destinatario: Dios. Esa es la Razón, con mayúscula, para vivir. Y yo le agradezco a Dios que en unos tiempos como los que corren pueda trabajar en lo que me gusta, en algo tan gratificante como las obras de arte.

Opus    Dei -

La carta a los artistas

La carta de Juan Pablo II a los artistas me produjo un fuerte impacto. Me hizo reflexionar. Y concluí que si Dios te ha dado un lenguaje propio –llámese pintura, música, escritura, lo que sea– tienes el deber, la responsabilidad, de cultivarlo y de comunicar belleza por medio de tu lenguaje. Por eso, como fruto de esa Carta, me comprometí conmigo misma a exponer, al menos, cada dos años.

Y así lo he venido haciendo. He participado en happenings y en exposiciones individuales o colectivas sobre temas muy distintos: “El juguete”, “Pintores con La Rama”, “Meta´z”, “Fuera del sótano”, “Nunca pasa nada”… Una de las exposiciones que he hice trataba sobre Roma.

Me resultó muy costosa, como siempre, porque preparar una exposición tiene muy poco de divertido, al menos al principio. Yo tardo mucho más en la elaboración de mi discurso, del mensaje que quiero comunicar, que en la propia tarea de pintar. Es tiempo de leer, de ver, de escuchar… Y a lo mejor te pasas un año así: tomando notas y dándole vueltas al tema, antes de encerrarte en el taller un mes o dos meses para hacer la obra.

Una luz en la noche

Como he dicho, la idea central de esa exposición era Roma, que es, según la conocida expresión, “la única ciudad que se gloría de albergar al Vicario de Cristo”. Y precisamente cuando estaba trabajando en ella, enfermó el Papa y comenzó la agonía de Juan Pablo II…

Opus    Dei -

Viví intensamente aquellos días: era como si sintiera el calor de las velas que llevaba la gente en la oscuridad de la plaza de san Pedro, como si experimentara la frialdad de aquella noche… A veces me daba la sensación de que estaba físicamente allí, con la mirada fija en aquella ventana iluminada. Y se me quedó grabado el momento en el que anunciaron su muerte y dijeron la hora en la que se ha ido a la Casa del Padre.

Decidí centrar mi exposición sobre Roma en aquel instante preciso del fallecimiento. Quería trasmitir aquel momento singular en el que parecía que la ciudad había quedado sumida en una oscuridad total, cuando sucedió precisamente lo contrario: Roma brilló entonces más que nunca.

Es como cuando miras de frente una luz fortísima y cierras los ojos instintivamente… Así fue la muerte de Juan Pablo II: un momento de plenitud, una luz inmensa que iluminó al mundo en medio de la oscuridad de la noche; una luz que se podía mirar y que el mundo entero miró.

¡Qué oscuro pintas, qué triste! –me dijeron algunos amigos al ver aquella exposición. Y yo le explicaba que el negro de esos cuadros no es triste: es aplomo, es serenidad, es paz; porque alberga una luz interior que lo ilumina todo, como cuando vas por la calle y ves… pero ése es el tema de la canción de Chambao -¿o de Gipsy Kings?- del que dije que iba a hablar al principio de estas líneas.

Pero ahora pienso que no hace falta. Seguro que los que me leen han intuido qué evoca esa letra. El arte, en gran medida es eso: sugerencia. Y “Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va”…

artículo copiado de opusdei.es

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Encomendaré lo frutos ciberapostólicos

Me caso este sábado, la próxima semana estaré en Roma e ire a Villa Tevere, no sé si vere al Padre, pero en cualquier caso encomendaré los frutos ciberapostólicos tuyos.
También aprovecho para encomiendes para que encuentre un trabajo prontito, yo se lo pediré especialmente a Don Álvaro, pero si puedes hacer una pequeña cadena de estampas en los facebuqueros te lo agradezco, porque me quedan solo 6 mewses de paro pero yo creo que encontraré pronto un trabajo pero es duro santificar sobre un intangible
José María

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“Que tu vida no sea una vida estéril”

Katia Blondeau, 34 años, es una numeraria auxiliar del Opus Dei. Actualmente, trabaja en la Escuela de Hostelería Dosjon cerca de Soissons (Francia).

¿Qué significa para ti ser numeraria auxiliar?
Para mí, una numeraria auxiliar es una cristiana, una persona del Opus Dei que vive el celibato, y que procura poner a los demás (su familia, sus clientes, sus amigos) en el centro de su trabajo, -en mi caso, la hostelería- y de esa forma servir a Dios, conocerle y quererle.
Busco crear un ambiente familiar allí donde trabajo, y espero contribuir así al equilibrio y al bienestar de las personas a las que llego con mi profesión.
¿Cómo se concreta eso? En el cuidado que procuro poner en los detalles: por ejemplo, al poner la mesa para comer; o prestando atención para escuchar las necesidades de los demás. Es decir, se trata de hacer felices a los demás.
Actualmente, trabajo como monitor técnico de la Escuela de Hostelería Dosjon. En concreto, me responsabilizo de la atención y el servicio de los asistentes que acuden a las actividades de formación y a los retiros espirituales al Centro de Encuentros Couvrelles, vecino a la escuela de hostelería.

¿Cómo ha reaccionado tu familia ante esta elección vital tuya?
Mis padres no conocían el Opus Dei cuando yo comencé a frecuentar un centro, por lo que lógicamente quisieron informarse un poco. Me hicieron preguntas, y yo se las fui respondiendo. Poco a poco, pudieron conocer el espíritu de familia que hay en la casa donde vivo y se encontraron satisfechos y a gusto en el ambiente de la casa.
Hace poco, mi padre, cocinero de profesión, vino para preparar una cena de gala que ofrecíamos a una de nosotras por su cumpleaños. Y regularmente los dos vienen a la Escuela Dosjon a las actividades que organizamos.

¿Cuál ha sido tu recorrido profesional?
Cuando terminé mis estudios de hostelería, trabajé durante un tiempo en el restaurante de un gran grupo. Aprendí mucho y a buen ritmo, pues los trabajos de hostelería no se improvisan. Trinchar y flamear ante el cliente, el arte de la mesa, neología… todo iba muy bien, pero yo quería trabajar para mi familia, el Opus Dei. Así que comencé a trabajar las tareas domésticas de diversos centros de la Obra.
Actualmente, soy profesora de restauración en una escuela de hostelería donde, además, el Opus Dei ofrece a las alumnas que lo desean una formación cristiana. Allí es donde procuro transmitir todos mis conocimientos profesionales junto con la atención a los demás que considero tan interesante.
Hoy día ha aumentado el interés por las profesiones directamente relacionadas con el servicio a los demás, anteriormente menos valoradas.

 ¿Qué te parece este cambio de mentalidad?
¡Me parece muy positivo y, a la vez, lógico!
Es como redescubrir el valor que tiene cada persona y la necesidad que tenemos de ser amados. En mi opinión, gran parte de los problemas de la sociedad surgen de la indeferencia con que a veces nos tratamos unos a otros.
Considero que estas profesiones relacionadas con el servicio contribuyen muy directamente a crear una sociedad más humana y calurosa. Por eso me parece lógico que cobren un nuevo valor: es una ganancia enorme para la sociedad.

¿No te parece que en una época en la que todo el mundo busca tener cada vez más derechos y trabajar menos, vuestro ritmo de trabajo puede parecer excesivo?
Quienes trabajamos en el sector de servicios y en la hostelería sabemos que nuestras ocupaciones no tienen nada de ordinario: trabajamos cuando los demás descansan, tomamos las vacaciones a destiempo, etcétera.
En cuanto al ritmo, evidentemente es exigente: ¡basta con mirar al personal de sala o de cocina de un restaurante en un día de afluencia alta! Por mi parte, yo me siento satisfecha respecto a mis compañeros con mis 35 horas de trabajo.

¿Los días festivos, por lo tanto, son sinónimo de más trabajo para ti?
¡Claro! Ya que los días en los que se celebra algo piden un poquito más de atención, te tienes que volcar un poco más para, por ejemplo, preparar el plato favorito de alguien o imaginar una nueva decoración para la mesa, algo original e inesperado.
Me gusta dar esta dimensión familiar a mi trabajo y manifestarlo en estos detalles de cariño hacia mi gente. A mi, estos detalles no me suponen una carga de trabajo. Son más bien una alegría, porque sabes que los demás están disfrutando con ello.
Es algo que siempre he experimentado en los centros del Opus Dei: allí la gente intenta hacer la vida alegre a los otros, especialmente si están pasando un momento difícil, por motivos de trabajo, salud u otros. Creo que las numerarias auxiliares tenemos un papel muy importante en este campo y eso me estimula a llevar a cabo mi trabajo con mayor profesionalidad y cuidado.

¿Te parece que los trabajos de servicio están bien remunerados?
Mi sueldo se corresponde con mis conocimientos y mi trabajo. No es desorbitante, pero sí suficiente.
Actualmente, estoy contratada por la Escuela de Hostelería Dosjon. Yo me encargo de mi mantenimiento: vestido, alimento, libros, entretenimientos, etc.
Procuro gastar el dinero con sentido de responsabilidad, sabiendo que –al igual que cualquier persona en el Opus Dei- puedo ayudar económicamente, siempre que me sea posible, a un gran número de iniciativas sociales, culturales y educativas que personas de la Obra llevan a cabo en todo el mundo. Me gusta poder contribuir –aunque sea con pequeñas contribuciones- al desarrollo de iniciativas en países necesitados.

¿Cuál es la frase de San Josemaría que más te gusta?
“Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor”.

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Crisis

Camino 301. Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. -Después… “pax Christi in regno Christi” -la paz de Cristo en el reino de Cristo.

En este punto de Camino, el Fundador del Opus Dei nos da la explicación de todas las crisis y la forma de salir de ellas, siendo una receta universal.

Debate en http://www.opusdeialdia.org/foro/viewtopic.php?f=10&t=922

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por que en mateo dice que jose conocio a maria?

Hola desconocido amigo. No sé qué versión del Evangelio de San Mateo manejas. He consultado el texto en la Biblia de Navarra, y se habla de esto en el capítulo 1, versículos 18 al 25.

En el 25 dice esto: …María, su madre [la de Jesús], estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró que había concebido…

Y en el 24 y 25 esto otro: …José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo…

Al pie de la página comentan los versículos: Jesús, sin ser hijo de José según la carne, es, si embargo, el Mesías descendiente de David. Esto es obra de Dios, pues es Él quien tiene la iniciativa llamando a José para ser esposo de María y padre del Niño. San José acepta con obediencia, y, por designio divino, ejerce una potestad sobre Jesús, imponiéndole su nombre y cuidando del Niño y de la Virgen: “San José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se descubre que el Santo Patriarca es, además, Maestro de vida interior: porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con Él, a sabernos parte de la familia de Dios” (S. Josemaría Escrivá de Balaguer, Hom. 1.39)

Espero haberte aclarado algo.

Un abrazo,

Gonzalo.

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Amar al mundo apasionadamente

En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…

Se trata de una homilía de San Josemaría en el Campus de la Universidad de Navarra el 7 de octubre de 1967.

El texto completo lo podéis leer en http://www.escrivaobras.org/book/conversaciones-capitulo-8.htm

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Si quieres hacer reír a Dios…

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