Con el esfuerzo de todos

«Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad. Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana, no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano».
Los hombres pueden contribuir a la mejora de la sociedad a través del trabajo, que, para san Josemaría, no es sólo el medio necesario para garantizar el sostenimiento individual y familiar, ni la mera producción de bienes útiles, ni simplemente una forma de realización personal. Es mucho más que eso: es un lugar de encuentro personal con Dios y un modo de servir a los demás. Desde esta perspectiva, el trabajo se transforma y se convierte en motor de progreso y desarrollo, en «un servicio abnegado, que no envilece, sino que educa, que agranda el corazón —lo hace romano, en el sentido más alto de esta palabra— y lleva a buscar el honor y el bien de las gentes de cada país: para que haya cada día menos pobres, menos ignorantes, menos almas sin fe, menos desesperados, menos guerras, menos inseguridad, más caridad y más paz».
Esta visión ha estimulado a miles de hombres y mujeres a poner el propio trabajo al servicio del bien espiritual y material de sus conciudadanos. De este impulso han surgido en cada país iniciativas —de carácter profesional— que responden a necesidades reales. Se trata de actividades civiles de interés público como universidades, escuelas de formación profesional, residencias de estudiantes, colegios, dispensarios, etc., que contribuyen a subsanar carencias del propio país o ambiente, sin discriminaciones de raza, religión o condición social.
«Nacen en distintos sitios del mundo con una espontaneidad extraordinaria. La gente, las almas grandes que hay en todos los lados, nos dicen: necesitamos esto o lo otro. Y aquello nace con el esfuerzo de todos y da unos frutos maravillosos. Pero en cada país surgen labores distintas. Y cuando parecen iguales, no lo son, porque el carácter y las circunstancias de la gente son de otro estilo».
Se recogen, a modo de ejemplo, algunas de las muchas iniciativas que impulsó directamente san Josemaría y otras que han nacido como fruto de su ejemplo y sus enseñanzas.

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