El mundo secreto del Opus Dei (Michael Walsh)

UN MONSTRUO INVENTADO

Una fábula oriental cuenta que un rey llamó a tres ciegos
y los puso frente a un elefante. Uno tocó la trompa, otro sus patas, otro
el rabo. Y les preguntó qué tipo de animal era. Entonces los ciegos
describieron al rey un animal monstruoso…

Esta fábula no se puede aplicar más que en parte a este libro,
porque al menos los ciegos tocaron parte de lo que querían conocer. En este
libro no: gran parte de lo que aquí está escrito es sencillamente
inventado.

Las páginas siguientes son un estudio sobre el monstruo que ha
pintado Walsh en su libro: “El mundo secreto del Opus Dei”. Naturalmente,
el monstruo no tiene nada que ver con esta institución de la Iglesia.

El libro muestra hasta dónde puede llegar la ceguera ideológica, la
manipulación y la falsedad. Es un libro contra el Opus Dei, no sobre el
Opus Dei; pero sobre todo es un libro contra la verdad.

INDICE

INTRODUCCION

I. ESTUDIO DE ALGUNAS FALSEDADES

A. Acusaciones sobre acciones delictivas y conductas
inmorales
1. Un orfanato peruano
2. Implicación en muertes violentas
3. Detención ilegal y privación injusta de libertad
4. Desalojo ilícito
5. El IESE
6. Netherhall Educational Association
7. Reglas de moralidad
8. Las dictaduras latinoamericanas
9. Una “conspiración” contra el Estado Español
10. El Opus Dei y los medios de comunicación
B. Los asuntos Ambrosiano-IOR, Matesa y Rumasa
1. Las finanzas de la Santa Sede, el banco
Ambrosiano y el IOR
2. Matesa
3. Rumasa
4. Resoluciones judiciales
C. Actitudes contrarias a la fe, a la moral y a la
autoridad de la Iglesia
1. Acusaciones de ser una “secta”
2. Medios de formación y dirección espiritual
3. Uso de poder e influencia dentro de la Iglesia
4. Obstáculo contra la unidad de la Iglesia
5. El apoyo de los Papas y la jerarquía católica
6. Prácticas contrarias a las normas de la Iglesia
7. Apostolado
D. La sentencia de Munich
1. Primer proceso contra un libro calumnioso
2. Nuevos procesos judiciales
E. Acusaciones de secreto
1. El autor frente a la realidad del espíritu
y el derecho del Opus Dei
2. Declaraciones oficiales de la Santa Sede y del Gobierno italiano

II. ASPECTOS METODOLOGICOS

A. Metodología y estilo
1. Parcialidad
2. Método de atribución de responsabilidades
B. Fuentes
1. Manipulación de las citas de {Camino}
2. Otras citas -reales o ficticias-
del Fundador del Opus Dei
3. El recurso a “fuentes mentales e imaginarias”
C. Contradicciones
D. Una tesis preconcebida

III. RELACION COMPLEMENTARIA DE DATOS Y AFIRMACIONES ERRONEOS

IV. ASPECTOS PARTICULARES DE LA VERSION ESPAÑOLA

A. Comentario a la Addenda
B. Título, portada y contraportada

V. BIBLIOGRAFIA

A. Libros del Fundador del Opus Dei
B. Bibliografía básica sobre el Opus Dei
1. Biografías sobre el Fundador del Opus Dei
2. Publicaciones sobre el Opus Dei
3. Entrevistas a Mons. Alvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei

INTRODUCCION

El mundo secreto del Opus Dei es una obra escrita desde la
animadversión personal del autor hacia esta institución de la Iglesia. Así
lo manifiesta el propio Michael Walsh en la pág. 17. Basta leer las últimas
palabras del libro para confirmar su ánimo hostil: “El Opus Dei con su
asociación con las élites de la riqueza y del poder no podría alegar ser
una fuerza para la liberación. Y como no supera esta prueba, como secta, no
es simplemente, menos que católica. Es menos que cristiana” (pág. 213).

Como consecuencia de esta actitud -no escribir sobre el Opus Dei,
sino contra el Opus Dei-, recurre a técnicas como: la manipulación de
textos; la presentación truncada de citas, con frecuencia fuera de
contexto; la parcialidad manifiesta en la selección de fuentes y
testimonios; las omisiones clamorosas y la difusión de rumores sin
fundamento.

Entre las acusaciones más notables que vierte contra el Opus Dei
cabe destacar:
a) conductas delictivas, como: venta de niños huérfanos e
indigentes, secuestro, conspiración, inducción al suicidio, amenazas de
muerte, coacción, defraudación, evasión de capitales y delitos monetarios.
b) acciones contrarias a la moral, como: constituir una secta,
recurrir al dinero para obtener un juicio favorable de la Iglesia -solución
institucional, beatificación del Fundador, etc.- y utilizar el sacramento
de la confesión como coacción psicológica. Estas acusaciones revisten
especial gravedad, al ser dirigidas contra una institución de la Iglesia.

La publicación de acusaciones semejantes tiene algunos precedentes.
En 1985, Jürgen Roth y Berndt Ender pretendieron publicar un libro en la
editorial Lamuv de Berheim-Merten, bajo el título Dunkelmanner der Macht,
con afirmaciones semejantes a las descritas en el párrafo anterior. El 22
de noviembre de 1985, el tribunal de Munich, de la República Federal de
Alemania, declaró que cinco afirmaciones difamatorias de dicho escrito
carecían de base de hecho y condenó a los autores y al editor a retirarlas
-así como cualquier otra afirmación que las contuviese en sustancia- de la
publicación en litigio. Más recientemente, la editorial Harper & Row, de
los Estados Unidos, ha parado la edición en ese país de El mundo secreto
del Opus Dei, prevista inicialmente para comienzos de 1989, a la vista de
las observaciones presentadas sobre su contenido.

I. ESTUDIO DE ALGUNAS FALSEDADES

Examinamos detalladamente, en primer lugar, algunas de las
afirmaciones y acusaciones falsas más significativas de El mundo secreto
del Opus Dei.

Este estudio requiere una primera observación: la versión
castellana del libro difiere sustancialmente en algunos puntos de la
versión publicada en Gran Bretaña. Y ésta a su vez difiere de un anticipo
del libro difundido en los Estados Unidos a principios de 1989. Sin
embargo, las acusaciones y las falsedades de fondo permanecen invariables.

La naturaleza de las modificaciones pone en evidencia que el
escrito original ha sido retocado, a la vista de diversas críticas
recibidas, {para que resultara menos patente la falsedad de las
argumentaciones}.

En resumidas cuentas: Walsh empezó escribiendo un libro lleno de
acusaciones falsas avaladas por supuestos hechos; a medida que los hechos
son rebatidos, van cayendo del texto y quedan sólo las acusaciones.

Sólo esta observación -probada a lo largo de la presente
exposición- bastaría para calibrar hasta dónde alcanza el interés del autor
por ofrecer una investigación seria y rigurosa, y hasta qué extremos llega
su pretensión de exponer su particular opinión, independientemente de los
hechos.

Para simplificar la redacción de esta exposición, nos
referiremos a las sucesivas versiones con las siguientes abreviaturas:

V1: anticipo del libro difundido en los Estados Unidos a principios
de 1989;
V2: primera edición inglesa publicada en 1989;
V3: edición en castellano publicada en 1990. Si no se especifica
otra cosa, citaremos por esta edición.

A. Acusaciones sobre acciones delictivas y conductas inmorales

La palabra “conspiración” aparece al menos tres veces en el texto
de El mundo secreto del Opus Dei: pp. 143, 145 y 153.

Esta palabra no puede usarse a la ligera. Según el Diccionario de
la Real Academia Española de la Lengua, conspirar significa “unirse contra
un particular para hacerle daño”, o “unirse contra su superior”. La
definición de la palabra incluye, por tanto, la noción de ilegalidad.

Por otra parte, la “conspiración” es uno de los grados de
ejecución en el delito; existe conspiración cuando dos o más personas
se conciertan para la ejecución de un delito y resuelven ejecutarlo.

Este uso de la palabra “conspiración” {no es un mero recurso fácil
de estilo}. El libro intenta probar repetidamente una pauta de actuación
ilegal e ilícita. Se sugiere, en numerosos pasajes la práctica de actos
ilegales -e incluso inmorales- para conseguir un beneficio en términos
económicos o de poder.

Sin embargo, el autor no logra pasar de simples sugerencias, que
cabe calificar de maliciosas, por su reiteración y escaso apoyo documental.
Tanto la acusación genérica de “conspiración” como los ejemplos concretos
en los que se apoya, carecen por completo de fundamento. Comentamos
algunos ejemplos:

1. Un orfanato peruano

En las pp. 9-10 el autor afirma que el “clero del Opus” estaba
culpablemente involucrado en un programa para enviar niños peruanos,
abandonados o indigentes a los Estados Unidos y Alemania, a cambio de
dinero. Se trata de una grave calumnia propagada por escrito y con
publicidad, sin fundamento y difundida de modo malicioso, como veremos a
continuación.

La acusación referida a un indeterminado “orfanato peruano” (p. 10)
es completamente inconsistente, como se pone de manifiesto al cotejar la
primera versión del libro. Allí se especifica (V1, p. 10) la localización
del orfanato en que supuestamente se llevan a cabo estas operaciones:
Ayacucho.

La realidad es que en Ayacucho únicamente hay un orfanato: el
“Puericultorio Andrés Vivanco”. Está dirigido por las Hermanas de Santa
Ana, una comunidad religiosa. Su número de teléfono es 07-51-64912909. La
dirección espiritual de esta institución está confiada a los jesuitas. El
Opus Dei no tiene nada que ver con él.

Hay otros dos orfanatos en los pueblos próximos de Huanta y
Huancapi. También están atendidos por comunidades religiosas, las Canonesas
y las Franciscanas, respectivamente. En cualquier caso, aquí tampoco tiene
nada que ver el Opus Dei.

El propio autor reconoce que no comprobó estas acusaciones
gratuitas y difamatorias, incluso a pesar de que lo podría haber hecho con
una simple llamada telefónica.

Además, en su día, se le facilitó el número de teléfono del
orfanato. Sin embargo, prefirió eliminar la referencia a Ayacucho en la
versión publicada del libro (V2, p. 10). Esta omisión agrava, si cabe, el
alcance de la calumnia, ya que impide -a quien no conozca la génesis de
este libro- la comprobación de la falsedad de los hechos relatados.

A falta de una comprobación personal por parte del autor -que no
hizo ni quiso hacer-, pretende que “el vínculo entre los huérfanos y el Opus
quedaba bastante en evidencia por lo que Duncan me había dicho”. Las
Oficinas de Información del Opus Dei en Perú y los Estados Unidos han
tratado de localizar, sin éxito, el paradero del tal “Ken Duncan”. No han
podido verificar, por tanto, si este hombre existe y si ha hecho realmente
esas delaraciones. En todo caso, ya se apoye en un testimonio real o
ficticio, el autor del libro propaga una falsa acusación grave, sin
la más mínima prueba.

Las sucesivas versiones del libro no hacen sino aumentar la
confusión, eliminando datos -por ejemplo, la referencia a Ayacucho- que
ponían de manifiesto la inconsistencia de la acusación.

La mencionada Oficina de Información de USA ha protestado en los
términos más enérgicos posibles. Dado que se mencionan a los Estados Unidos
y dado que los hechos imputados implican colusión por recibir en los USA
a los niños secuestrados, esta gravísima acusación criminal afecta a la
integridad y reputación de los miembros de la Prelatura en ese país.

La Oficina de Información de la Prelatura del Opus Dei en España
protesta también enérgicamente ante la pretensión de difundir en este país
un libro que empieza con esta falsa acusación. Aunque los miembros
españoles de la Prelatura no hayan sido involucrados en la denuncia
formulada por Walsh, consideramos que atribuir al Opus Dei -en cualquier
país- acciones delictivas de esas características resulta infamante contra
todos sus miembros, sea cual sea su nacionalidad.

Por otra parte, en la versión inglesa el autor del libro reconoce
que Duncan le contó esta historia en Londres, y no en Perú. Parece que, a
pesar de la importancia que concede a este viaje (“la excusa de esta
tardanza mía es la necesidad que he tenido de viajar a América Latina”, p.
7) lo único que trajo en claro fue su pintoresca descripción del Seminario
de Abancay, también desmentida por testigos visuales fiables.

Las demás referencias sobre los países de este Continente proceden
-o, por lo menos, están al alcance de cualquiera- de recortes de prensa y
libros accesibles.

Se puede decir, por último, que el citado seminario de Abancay está
totalmente dentro de la jurisdicción y de las actividades de la diócesis
católica local. El teléfono del seminario es 07-51-84321041.

2. Implicación en muertes violentas

En la p. 183, el autor sostiene que el Opus Dei contribuyó directa
o indirectamente, por negligencia culpable, a la muerte de varias personas.
El relato de Walsh pretende mostrar que las dificultades para abandonar el
Opus Dei indujeron a varias personas al suicidio o a descuidar gravemente
su salud, con resultado de muerte. Esta acusación está presentada de un
modo completamente inconsistente. Las fuentes son un anónimo jesuita
colombiano que “informó de suicidios” (¿de quién, cuándo, cómo?) y un
documento inédito cuyo autor “dice saber de forma directa de un suicidio en
el Opus Dei de Kenia y que ha {oído} de dos más de mujeres en Londres” (el
subrayado es nuestro). Los únicos hechos a partir de los cuales se podría
obtener -errónea y maliciosamente- la conclusión propuesta por Walsh son
los siguientes.

En 1966, una mujer española de 44 años (numeraria del Opus Dei) se
trasladó a Londres y vivió en la Residencia Rosecroft House, Hampstead.
Poco después de su llegada, padeció síntomas de una leve enfermedad
psiquiátrica. Una mañana, después de haber tomado su medicación
antidepresiva durante la noche, cayó por la ventana de su habitación en el
segundo piso de la casa. Fue urgentemente tratada en el Royal Free Hospital
por Mr. Lyonel Gracey y otro especialista de la unidad psiquiátrica del
hospital. Se había roto la cadera. Tras un periodo de tratamiento, volvió a
la normalidad y fue dada de alta. Poco después, regresó a España. Vivió muy
contenta con su vocación al Opus Dei. Murió de cáncer en Madrid, el 29 de
mayo de 1986, a la edad de 64 años. Todavía pertenecía al Opus Dei.

El otro caso es el de la Sra. Dione Forrest, supernumeraria del
Opus Dei. La Sra. Forrest vivió su pertenencia a la Prelatura con alegría y
sin conflictos, y desarrolló durante esos años una abundante labor. En 1984
se le diagnosticó una esquizofrenia endógena y murió mientras estaba
hospitalizada. Estamos en posesión de la documentación que certifica estos
hechos. El marido de la Sra. Forrest puede verificar también los detalles
del fallecimiento.

Es particularmente insidiosa la inclusión en este párrafo (p. 183)
de un relato de la muerte de Fr. Michael Richards, sacerdote del Opus Dei.
En este caso -que Walsh califica de “especialmente extraño- se da un
{nombre}, y se atenta gravemente contra la memoria de una persona
fallecida, de la que se afirma que “pareció perder todo interés en sí
mismo y en la vida” y que “fue encontrado muerto aparentemente por causas
naturales, aunque {parece} haberse destruido a sí mismo por negligencia”
(el subrayado es nuestro).

Lo extraño del caso no son las circunstancias reales de la muerte
de Fr. Richards, que están perfectamente documentadas: falleció
{instantaneamente} a causa de una hemorragia cerebral, a la edad de 54
años. En el momento de su fallecimiento, se encontraba visitando a sus
hermanas en su residencia de verano de Broadstairs, en Kent, descansando de
su intenso trabajo apostólico como sacerdote. Disponemos de una
copia del certificado de su muerte confirmando este hecho. Más aún, tenemos
documentación complementaria sobre las circunstancias de su fallecimiento:
nada sugiere cualquier clase de suicidio o cualquier irregularidad que haya
conducido a su muerte.

Lo verdaderamente extraño es el juego de Walsh con el que mantener
su maliciosa suposición, a pesar de la evidencia. Este juego le lleva a
introducir importantes variaciones en su relato. Basta consultar las
primeras versiones del libro (V1 y V2, p. 169). Cuando estas versiones se
hicieron públicas, las críticas pusieron de manifiesto la notable
inexactitud de muchos de los detalles. Walsh ha eliminado o corregido
algunas de esas inexactitudes, pero sin embargo mantiene -ahora, sin ningún
otro fundamento que el recurso al “parece”- su errónea y maliciosa
hipótesis sobre negligencia culpable en este fallecimiento. Repugna a
cualquier persona honrada proferir tales infamias.

Pero Walsh no se conforma con atribuir al Opus Dei -falsamente,
como hemos visto- una negligencia culpable, en el caso de varios supuestos
suicidios. Sus insinuaciones maliciosas van más allá cuando intenta dejar
en el aire, de un modo particularmente insidioso, la sospecha de
intervención directa en el caso de muertes violentas. Naturalmente, según
se van agravando las acusaciones, el modo de exponerlas es más cuidadoso,
pero no pasará por alto a un lector atento el sentido de algunas
afirmaciones. Un ejemplo es el “consejo” atribuido a algunos amigos cuando
les habló de la investigación que estaba llevando a cabo sobre el Opus Dei:
que aumentara su seguro de vida (p. 15).

Estas insinuaciones son aún más manifiestas cuando establece una
comparación entre el caso de Calvi y el de Ruiz Mateos. Estos asuntos se
comentan con detalle más adelante. Sólo queremos denunciar aquí
enérgicamente el equívoco juego que el autor establece entre la muerte de
Calvi -que “puso fin a cualquier complicación del Opus” (p. 169)- y el
hecho de que Ruiz Mateos siga vivo. “Ambos, afirma Walsh, fueron gravemente
decepcionados por sus amigos (del Opus Dei), aunque Ruiz Mateos vive para
explicarlo” (p. 171).

3. Detención ilegal y privación injusta de libertad

En las pp. 181-182 y en otros lugares, el autor hace una serie
de acusaciones relativas, entre otras acciones delictivas, a supuestos
actos de detención ilegal y privación injusta de libertad.

Todo esto es manifiestamente falso. La retención por la fuerza es
un delito extremadamente grave, y no puede imputarse tan ligeramente como
lo hace Walsh. Examinemos los “testimonios” en los que se apoya.

En varios sitios, el autor cita a María del Carmen Tapia, a quien
califica como uno “de mis principales informadores” (nota 4, p. 16),
recogiendo afirmaciones escandalosas, supuestamente hechas en su presencia
por Mons. Josemaría Escrivá, y denunciando las actuaciones delictivas
señaladas en este apartado.

Ninguna de las personas que conocieron a Mons. Escrivá podría
pensar ni por un momento que él dijo, o incluso pensó, lo que ella refiere.
Al contrario: cientos de testigos oculares dan fe de su fama de santidad,
y especialmente de su amor a la Iglesia y al Papa. Muchos de estos
testimonios están documentados, pues se realizaron formalmente durante el
reciente proceso sobre la vida y virtudes del Fundador del Opus Dei, dentro
de la causa de beatificación.

Mons. Escrivá de Balaguer tuvo relaciones cordiales y respetuosas
con varios Papas. En concreto, el Papa Pablo VI encomendó el Centro ELIS
(un centro educativo en Roma) al Opus Dei, y visitó personalmente esa
institución para impartir su bendición, el 21 de noviembre de 1965.

Pero el autor ignora estos hechos públicamente conocidos, y se
aferra a las afirmaciones de la Sra. Tapia. El poco realismo de su
testimonio resulta evidente; basta comprobar sus contradicciones internas y
su falta de verosimilitud, especialmente a la luz de las públicas y
abundantísimas evidencias en contra, como las señaladas más arriba.

Las contradicciones internas son aún más patentes en las primeras
versiones del libro, donde afirma simultáneamente que la Sra. Tapia primero
“sirvió durante cuatro años como directora de la sección de mujeres (del
Opus Dei) en Venezuela”, y luego fue a Roma a trabajar en la sede central
del Opus, donde “trató muy de cerca a Escrivá” (V1, p. 72).

Y más adelante (V1, p. 167) asegura que, después de varios años en
Venezuela, fue enviada a Roma en 1966 y estuvo bajo un “virtual arresto
domiciliario”, siendo sujeto de persecución delictiva y abuso hasta que
finalmente fue “expulsada” del Opus Dei. Realmente, la diferencia entre ser
una íntima colaboradora de Mons. Escrivá, y ser víctima de prisión ilegal
es muy notable…

Las críticas hechas al libro han obligado al autor a rectificar
esta evidente contradicción. Así, en la nueva versión describe la
cronología de los hechos con más acierto, aunque no evita del todo las
incorrecciones.

La verdad es que María del Carmen Tapia estuvo diez años en
Venezuela, después de haber trabajado en Roma (en concreto, en la imprenta
de la Sede Central), desde 1954 hasta septiembre de 1956 (no los “cuatro
años” que sostiene el autor). Estuvo en Venezuela desde octubre de 1956
hasta octubre de 1965. Abandonó el Opus Dei el 27 de mayo de 1966. Ni
siquiera la versión corregida y más ajustada a la verdad sobre la
cronología de los hechos evita la inconsistencia del relato. “Me dijo
-afirma Walsh (p. 78)- que en cierta ocasión le oyó decir de Pablo VI que
‘Dios en su infinita misericordia debería llevarse a ese hombre'”. ¿Cuál es
esa “cierta ocasión”? ¿El periodo entre 1954 y 1956, cuando faltaban por lo
menos siete años para la elección de Pablo VI?

¿O fue quizá la temporada en la que estuvo sometida a “arresto
domiciliario” en Roma a su vuelta de Venezuela, en 1965? No parece que
alguien en esas circunstancias pueda ser el destinatario de semejante
“confesión”.

Este es el valor del testimonio de la que el autor califica como
una de sus “principales fuentes de información”. Cualquier investigación
periodística profesional intentaría cotejarlo con otras fuentes antes de
verter acusaciones delictivas. Walsh no lo hace así, y reproduce sin más un
increíble relato (p. 181).

Los inverosímiles incidentes referidos en esta cita (que incluyen
prisión ilegal asalto, agresión, y otros actos delictivos) llevarían a
cualquier persona razonable a pensar que es sumamente improbable.
Afortunadamente, el autor ha tenido el buen gusto de modificar el texto
inicial (V1, p. 167), redactado en estilo directo, suavizándolo y
eliminando algunos elementos que rayan lo grotesco.

Negamos categóricamente las falsas acusaciones que hace esta
persona a lo largo del libro, especialmente las acusaciones delictivas de
la pág. 181. La libertad de pensamiento y de circulación de las personas -y
cualquier otra libertad civil- son plenamente respetadas en el Opus Dei.
Tal libertad es, de hecho, exigida por los Estatutos de la Prelatura, n.
88.

4. Desalojo ilícito

En la p. 74, Walsh afirma que el Opus Dei desalojó ilícitamente a
los Oratorianos, una sociedad de sacerdotes, de un edificio de Roma. Más
aún, asegura que esta sociedad mantiene un fuerte oposición a la Prelatura
por este motivo.

Tenemos una carta del Procurador General de los Oratorianos, de
fecha 18-XI-88, que atestigua que esta historia es falsa y que la
sociedad mantiene cordiales relaciones con la Prelatura y sus miembros. Se
podría haber obtenido una comprobación de este hecho, llamando a la casa
central de dicha institución en Roma.

El modo de forzar los hechos en esta temeraria acusación revela la
categoría y el valor de los argumentos utilizados para intentar demostrar
que el Opus Dei actúa con desprecio de los derechos y sentimientos de las
personas.

5. El IESE

En la página 158, el autor ataca de modo gratuito y sin ningún
fundamento a la integridad moral de “la escuela de Empresariales del
Opus en Barcelona”. Se refiere al IESE, el Instituto de Estudios Superiores
de la Empresa, fundado en 1958. Sostiene que la presunta actividad
fraudulenta de Matesa “arrojó alguna luz sobre el modo de hacer negocios
aprobado por el Opus”.

Es evidentemente irracional e injusto inculpar a una institución
académica por la actuación de uno de sus antiguos alumnos, al que -por
otra parte- el Tribunal Supremo español exculpó muchos años después de
desatado el escándalo. Según este criterio, las tres o cuatro escuelas de
negocios más famosas de Estados Unidos podrían haber estado culpablemente
implicadas, por ejemplo, en la reciente ola de escándalos de Wall Street,
en relación con casos de “información privilegiada”.

Esta acusación gratuita contra la reputación del IESE es
rotundamente desmentida por el prestigio de que el Instituto goza en todo
el mundo. La revista Fortune calificó al IESE (número del 23 de mayo de
1988) como una de las cinco mejores escuelas de su género en Europa.
Precisamente uno de los campos en los que ha destacado el IESE es en el
desarrollo de las enseñanzas sobre ética profesional. Un gran número
de personalidades académicas y del mundo de la empresa pueden atestiguar
los altos niveles de preparación profesional y ética que caracterizan al
IESE.

Sobre las relaciones de Vilá Reyes con el Opus Dei, véase el
apartado correspondiente de esta exposición.

6. Netherhall Educational Association

En las pp. 159-162 y más adelante, el autor hace una serie de
acusaciones de actividad fraudulenta y otras acciones ilegales, atribuidas
a miembros de la Prelatura en el Reino Unido, particularmente las
relacionadas con la Netherhall Educational Association (NEA). Estas
acusaciones han sido categóricamente rechazadas por la Oficina de
Información del Opus Dei en Gran Bretaña.

La imputación de que NEA recibe fondos fraudulentos, a través de
las Islas Normandas (Channel Isles) o de otras formas, es completamente
falsa: la NEA es una Asociación Benéfica Registrada (nº 236586). Como tal,
recibe de diferentes fuentes préstamos y subvenciones, así como herencias.

NEA no ha recibido créditos de bancos españoles o en moneda
española. Todos sus préstamos fueron hechos por diferentes bancos
europeos, en condiciones favorables, como es costumbre en los créditos
concedidos para fines benéficos. Todos los préstamos fueron formalizados en
los oportunos contratos, con unos plazos de devolución claros, y en
completa conformidad con el reglamento de control de cambio del Reino
Unido.

Todas las cuentas de NEA son auditadas por prestigiosas empresas
de contabilidad. Los primeros 13 años, la auditoría fue hecha por Arthur
Andersen; posteriormente ha sido hecha por Ernst and Whinney. Los contratos
de préstamo son examinados y el procedimiento normal para la auditoría se
completa con un balance contable de verificación al final de cada año.

Contrariamente a lo que dice el autor en la página 162, NEA no
tiene tal identidad como “Netherhall Educational trust”. A mediados de los
años sesenta, NEA estableció el Netherhall House trust. Ni NEA ni NHT ha
proporcionado ni donado dinero al Prof. Seamus Timoney, como se indica. Ni
a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

En 1964, el Prof. Timoney prestó sus servicios de ingeniería
mecánica para la construcción de Netherhall House, una residencia de
estudiantes en Londres; por estos servicios profesionales, se le remuneró
según las tarifas normales. De ningún modo esta compensación fue indebida o
fuera de la ley. Más aún, el Prof. Timoney no hizo uso, ni ha hecho uso del
Opus Dei para conseguir fondos ni “experiencias” útiles en su actividad
profesional.

7. Reglas de moralidad

En la p. 53, Walsh acusa gratuitamente al Fundador del Opus Dei
de haber decidido en su fuero interno que “las reglas ordinarias de la
moralidad podían ser, si no burladas, al menos esquivadas”.

No está claro el origen de esta falsa acusación, obviamente valiosa
para la argumentación del autor sobre una presunta actividad conspiratoria.
En cualquier caso, el autor -en contra de la práctica periodística
aceptada- no confrontó con otra fuente ese temerario ataque personal.

Por el contexto, resulta perfectamente posible que ese juicio de
intenciones, referido nada menos que a 1945, sea una invención
completamente gratuita del autor. Así, Walsh acepta sin restricciones
hipótesis infundadas sobre el pensamiento del Fundador del Opus Dei,
abiertamente enfrentadas con las numerosas declaraciones públicas y los
escritos publicados de Mons. Escrivá de Balaguer, que él ignora o
menosprecia.

Sin embargo, en los abundantísimos escritos del Fundador del Opus
Dei no puede encontrarse ni el menor indicio que apoye las maliciosas
suposiciones de Walsh. Por el contrario, son numerosas las declaraciones
que desmienten explícitamente la interpretación propuesta por Walsh.

8. Las dictaduras latinoamericanas

En las pp. 140-141, el autor reproduce y acepta acusaciones
infundadas contra el Opus Dei de estar culpablemente comprometido con las
dictaduras latinoamericanas, incluidas la promoción de actividades
terroristas y acciones policiacas ilegales contra ciudadanos inocentes.
Defiende, por ejemplo, una implicación criminal del Opus Dei en las
dictaduras de Chile y Argentina. “El Opus Dei y Patria y Libertad (un grupo
terrorista de ultraderecha) trabajaron juntos durante los años de Allende”,
asegura Walsh. Pocas líneas después añade: “El general Juan Carlos Onganía,
dictador de Argentina de 1966 a 1970, tomó el poder después de hacer un
retiro religioso auspiciado por el Opus Dei”.

Más adelante (cfr. cap. II, A, 2) analizaremos la inconsistencia
del método utilizado por Walsh para difundir éstas y otras
afirmaciones semejantes. En esta parte de la exposición negamos
categóricamente tales acusaciones y desafiamos al autor a que aporte
datos para probarlas. No puede aportar nombres ni ningún otro dato,
porque carecen de todo fundamento real. Son completamente falsas.
Acusaciones similares, también sin pruebas, movieron a los tribunales
alemanes a la condena de autores y editoriales que las difundieron.

9. Una “conspiración” contra el Estado Español

En las páginas 142-145 y en otras, el autor sostiene que varios
miembros del Opus Dei formaban parte de una “conspiración” (pp. 143, 145)
para hacerse con el control del Estado español. Sus principales fuentes
para hacer esas acusaciones son una tesis doctoral -no publicada- escrita
para la New York’s New School of Social Research por José V. Casanova y una
“conversación privada”, descrita en la nota a pie de página en la p. 32.

Este aparato documental tan reducido resulta claramente
insuficiente para la defensa de las tesis del autor, tratándose de un tema
sobre el que se podría aportar una abundantísima y cualificada colección de
escritos, estudios y testimonios.

El hecho real en el que se apoya la argumentación del autor es la
presencia de varios miembros del Opus Dei -en el libre ejercicio de sus
derechos profesionales y políticos- en altos cargos de la Administración. A
partir de aquí, empiezan las suposiciones y la adecuada ocultación de otros
hechos igualmente patentes. Por ejemplo, el autor parece no dar importancia
al hecho de que, durante el mismo periodo, había otros miembros del Opus
Dei trabajando activamente contra el Gobierno de Franco, incluidos
profesionales de la universidad y la prensa. Algunos de ellos fueron
perseguidos por las autoridades por este motivo.

Este es el caso, por ejemplo, de Rafael Calvo Serer, cuyo
pensamiento es presentado de forma distorsionada. En la p. 146, Walsh cita
una supuesta afirmación suya, tomada al parecer del diario madrileño ABC,
y que “no habría dejado de agradar a Franco”. Esta cita, atribuida a Calvo
Serer, llegó a sus manos a través de la traducción al castellano de un
libro francés, y en ningún momento se da la fuente original (fecha y número
de página) del artículo del ABC del que supuestamente se obtuvo tal
frase.

Quizá la incongruencia de la cita pase inadvertida en el ámbito
anglosajón, donde la postura de Calvo Serer es menos conocida. En España,
desde luego, resulta inconcebible la presentación de semejante disparate
como representativo del pensamiento de Calvo Serer, conocido por su abierta
oposición al régimen de Franco.

El autor del libro -si es que ha estado verdaderamente interesado
en conocer el Opus Dei- podría haber consultado numerosas fuentes en las
que se pone de manifiesto la diversidad real en la actuación política de
los miembros del Opus Dei.

Alguna de esas fuentes le resulta tan cercana como el Times de
Londres, que publicó un artículo en memoria de Rafael Calvo Serer el 21 de
abril de 1988. El artículo señalaba que Calvo Serer había estado repetidas
veces en prisión, había sido sancionado y, por fin, obligado a exiliarse de
España. Su periódico, el diario Madrid, había sido clausurado por el
Gobierno, el mismo Gobierno en el que trabajaban otros miembros del Opus
Dei.

La trayectoria política de Calvo Serer ha sido reconocida, también
fuera de España, por su empeño en defensa de la libertad de prensa y otras
libertades civiles durante el régimen de Franco. Calvo Serer declaró
repetidas veces que el Opus Dei no tenía nada que ver con sus posiciones
políticas anti-gubernamentales, del mismo modo que nada tenía que ver con
la postura pro-gubernamental de otros miembros del Opus Dei. Puede
consultarse la carta abierta de Calvo Serer publicada en el diario
Madrid, el 25 de octubre de 1971.

El propio autor tiene noticia de estas afirmaciones de Calvo Serer
(p. 143), aunque las desprecia. De nuevo Walsh ignora o menosprecia los
testimonios mejor fundados, la versión de los protagonistas o los
documentos más valiosos, y recurre -para confirmar sus propias presunciones
o prejuicios- a fuentes espúreas, de dudoso valor e incluso anónimas.

A pesar de todo, el autor sigue empeñado en “probar” una acción
coordinada del Opus Dei en política, y propone el siguiente ejemplo: “la
carrera de Villar Palasí fue típica de la forma en que los miembros se
ayudan unos a otros…” (p. 143). Difícilmente puede considerarse “típica”
cuando… el Sr. Villar Palasí no pertenece ni ha pertenecido nunca al Opus
Dei.

Además, la afirmación de que el Opus Dei ejercía un “poder
considerable sobre la propaganda del régimen en emisoras y en la prensa”
sorprenderá a las personas que vivieron aquellos años, y recuerden
los frecuentes ataques sufridos por el Opus Dei precisamente desde esos
medios de comunicación controlados por el Régimen.

Por otra parte, el autor prescinde del hecho de que la mayoría de
los españoles del Opus Dei -como la mayoría de los ciudadanos de cualquier
país- no tuvieron nunca intereses ni estuvieron nunca involucrados en el
mundo político. Ignorar a tales personas y concentrarse en un puñado de
relevantes y prestigiosas personalidades es, en sí mismo, una forma de
“elitismo”.

10. El Opus Dei y los medios de comunicación

El autor del libro describe otras presuntas acciones delictivas o
inmorales del Opus Dei en el ámbito de los medios de comunicación.
Esas acusaciones van desde las insinuaciones sobre la comisión de sabotajes
(p. 14) en periódicos, hasta la presentación de la actuación de miembros
del Opus Dei en estas profesiones como manipuladora.

Acusar a estas personas de “manipular a los medios de
comunicación en la búsqueda de lo que considera es su propio bien” (p.
151), además de ser gravemente injusto, carece de todo fundamento: ya
sea en Bogotá, Santiago o cualquier otra parte, estas personas ejercen
con pleno derecho su profesión, y nadie puede pretender limitar su
libertad.

Esa profesión es el medio que han escogido para ganarse la vida, con
independencia de su pertenencia a la Prelatura. Algunos ya eran periodistas
antes de incorporarse al Opus Dei; continuarían siéndolo incluso si, por
alguna razón, decidieran desvincularse del Opus Dei. Acusar a esos
escritores de estar envueltos en algún tipo de conspiración carece de
fundamento y sentido.

El tono de esta acusación sugiere que, para Walsh, los medios de
comunicación deberían negar el derecho de libre expresión a los miembros
del Opus Dei, sólo por el hecho de serlo, como hace él en su libro.

B. Los asuntos Ambrosiano-IOR, Matesa y Rumasa

En las pp. 157-171, el autor hace un elevado número de acusaciones
y tergiversaciones, fabricadas para montar una argumentación sobre una
continua conspiración criminal por parte de la Prelatura del Opus Dei con
relación a tres escándalos recientes. Nos detendremos en su estudio.

1. Las finanzas de la Santa Sede, el banco Ambrosiano y el IOR

a) En la p. 169, el autor afirma que, durante el pontificado de
Pablo VI, el Opus Dei consintió en aportar el 30% del presupuesto anual del
Vaticano, y que esta maniobra financiera tenía como fin directo garantizar
que el Papa erigiría a la Obra en Prelatura personal.

Esta acusación, además de contradictoria -recordemos que Walsh sólo
admite que el Opus Dei tuviera buenas relaciones con Juan Pablo II: según
su errónea interpretación, difícilmente podría llegar a esta clase de
acuerdos con otros Papas- es absolutamente falsa. El Opus Dei nunca ha
hecho -ni siquiera ha contemplado tal posibilidad- un acuerdo de este tipo,
dado que constituiría un soborno condenado explícitamente por el Derecho
Canónico de la Iglesia Católica.

En la terminología del Derecho Canónico se conoce a esta acción
como “simonía” y es una actividad extraordinariamente grave. Acusar al
Papa Pablo VI y a Mons. Escrivá es en extremo disparatado e irresponsable.
La acusación se agrava, además, con la presunción gratuita de Walsh al
interpretar por su cuenta y riesgo los móviles internos de Mons. Escrivá.

Semejante acusación resulta tan improbable en sí misma que
cualquier investigador serio llevaría a cabo una rigurosa comprobación de
los hechos antes de sostenerla, sobre todo cuando todas las partes
implicadas la han negado categóricamente, y cuando nadie de los que la han
sostenido ha podido aportar la más mínima prueba. Walsh prescinde de toda
comprobación y su acusación es, por tanto, un claro ejemplo de
irresponsable desprecio hacia la verdad.

b) En la misma página, el autor pretende involucrar al Opus Dei con
el escándalo de la quiebra del Banco Ambrosiano en Milán. La verdad del
asunto es que, como el Opus Dei ha declarado repetidas veces, ni la
Prelatura ni nadie en su representación ha tenido jamás ninguna relación
financiera ni con Roberto Calvi ni con el Banco Ambrosiano. L’Osservatore
Romano confirmó esto el 8 de octubre de 1982, en un editorial. Más aún, la
acusación (p. 171) de que el Opus Dei proporcionó 250 millones de dólares,
o una parte de esta cifra, en ayuda de la garantía que el IOR hizo del
Banco Ambrosiano es también absolutamente falsa. Ni tampoco lo hizo ningún
“banco del Opus Dei”, dado que tales bancos no existen.

c) Relacionada con esta acusación absolutamente falsa está la
descabellada asociación que el autor establece entre un banco de Londres,
el Banco Urquijo Hispano-Americano, y el suicidio o la muerte de Roberto
Calvi en 1982. Este banco no está relacionado, de ninguna manera, con el
Opus Dei, y ningún miembro de la Prelatura ha trabajado jamás allí con
capacidad de gestión. El autor del libro, residente en Londres, podría
haberlo comprobado con una simple llamada telefónica urbana. Este pequeño
banco tiene solamente un español entre sus directivos, y todos los demás
son británicos. Ninguno de ellos es miembro del Opus Dei.

El referido banco en España no está relacionado con el Opus Dei
en ningún sentido, y mucho menos está controlado por la Prelatura. La
gratuita e infamante afirmación que aquí hace el autor arroja luz sobre su
irresponsabilidad e imprudente negligencia a la hora de comprobar los
datos, una falta de seriedad investigadora que caracteriza a todas las
acusaciones del capítulo 7 y del resto del libro.

2. Matesa

a) Ningún miembro del Opus Dei ocupó cargos directivos en la
empresa Matesa, en contra de lo que el autor afirma en la p. 157:
“…importantes escándalos en los que estaban involucrados miembros del
Opus y sus negocios”. Villar Palasí, consejero legal de Matesa (llamado en
la p. 158 “un asesor legal del Opus Dei”), no es ni ha sido nunca miembro
del Opus Dei.

b) Los créditos concedidos a Matesa no fueron aprobados por el
ministro de Industria, Gregorio López Bravo. Fueron otorgados por el Banco
de Crédito Industrial, y la autoridad financiera competente en tales
transacciones dependía en sus directrices generales de actuación del
Gobierno de España (concretamente, del ministerio de Hacienda, no del
ministerio de Industria). Los créditos fueron aprobados por los dos órganos
del Banco de Crédito Industrial: el Comité Ejecutivo y el Consejo General.
Gregorio López Bravo, miembro del Opus Dei, no tuvo parte alguna en esas
negociaciones y no tenía ninguna conexión con esas organizaciones.

c) El Opus Dei jamás recibió fondos de Matesa. Juan Vilá Reyes hizo
algunos donativos personales, durante algunos años, al Instituto de
Estudios Superiores de la Empresa (IESE), en el que había estudiado. Esos
donativos sumaban en total 2 millones de pesetas. Aunque este dato fue
hecho público y Walsh lo conoce, aplica de nuevo su particular criterio de
selección en las fuentes y da crédito a los “rumores” según los cuales esa
persona dio {2.400 millones} de pesetas a diversas instituciones del Opus
Dei en España, Perú y los Estados Unidos (p. 158). Estos rumores son
absolutamente falsos, como queda de manifiesto, por ejemplo, cuando el
autor menciona una “universidad de Perú” entre los destinatarios de esos
“cuantiosos donativos”. La única universidad que atiende el Opus Dei en
Perú es la de Piura; fue fundada en 1969, {después} de que se descubriera
el “escándalo Matesa”.

d) Muchos de los detalles con los que el autor ilustra su relato
sobre el asunto Matesa parecen provenir de un artículo publicado en el
periódico socialista italiano Avanti (3 de julio de 1970). En algunos
aspectos, sin embargo, difiere del bulo original. El periódico decía que
los fondos de Matesa fueron a parar a colegios del Opus Dei en los Estados
Unidos, no a “residencias de estudiantes”, como sostiene el autor. No
existían tales colegios antes de 1969. Difícilmente podría recibir
donativos una institución inexistente. Ninguna residencia recibió nunca
fondos de Matesa o de Vilá Reyes. Este mismo periódico italiano publicó una
{rectificación} el 10-VII-70.

3. Rumasa

a) En la p. 159 y en la p. 166, el autor incurre en inexactitud al
referirse a los donativos personales que Ruiz Mateos hizo a varias
actividades apostólicas confiadas a la Prelatura. En realidad, hizo
donativos a muchas instituciones religiosas y filantrópicas, entre las
cuales se cuentan algunas dirigidas por miembros de la Prelatura. Pero la
Prelatura nunca ha sido financiada de ninguna manera por Rumasa o por su
presidente. El propio Ruiz Mateos lo afirmó (21 de julio de 1983): “Rumasa
jamás ha tenido conexión alguna, y mucho menos de tipo económica, con el
Opus Dei”.

b) En la p. 159, el autor afirma que el dinero de Rumasa fue
evadido ilegalmente para financiar las actividades en el Reino Unido de la
Netherhall Educational Association. Como ya hemos comentado (cfr. el
apartado I, A, 6 de esta exposición), esto es absolutamente falso. Esta
entidad nunca recibió fondos ni de bancos españoles ni de España en
general; todos sus créditos fueron prestados por bancos europeos, como
queda certificado en documentos públicos. Si el autor tiene datos de que el
Opus Dei, a través de Rumasa o de cualquier otro modo, ha participado en
la evasión de capitales, debe denunciarlo, ya que se trata de un delito
tipificado en el ordenamiento penal y perseguible de oficio. Si no tiene
datos, debe callarse, ya que la atribución falsa de acciones delictuosas
está asimismo tipificada como delito de calumnia.

c) El 2 de agosto de 1983, Ruiz Mateos afirmó que nunca había
habido ninguna conexión entre Rumasa, el Opus Dei, y el Banco del Vaticano;
y que nunca conoció a Roberto Calvi, Mons. Marcinkus ni ninguno de sus
representantes.

4. Resoluciones judiciales

Finalmente, conviene hacer notar un hecho significativo que
el autor ha ignorado substancialmente en el planteamiento de los asuntos
Matesa, Rumasa y Ambrosiano: estos tres casos no fueron meros “escándalos”
o “incidentes” sobre los que corrían rumores que exigían una investigación,
sino que fueron efectivamente investigados. Cada uno de ellos dio lugar a
un {proceso criminal} sometido a rigurosa investigación policiaca y a un
examen judicial de larga duración, aunque por su complicación y múltiples
conexiones no esté -en algunos casos- concluido. Las autoridades legales de
España e Italia dirigieron una exhaustiva investigación de todos los
hechos que concurrían en estos asuntos, y como resultado hubo procesos
judiciales, sentencias, penas y absoluciones.

En ningún momento a lo largo de las investigaciones criminales
desarrolladas en Italia estuvo el Opus Dei formalmente implicado, ni
siquiera de modo indirecto. Ni la Prelatura ni ninguno de sus directores
fueron en ningún momento juzgados o llamados a declarar, y ni siquiera
mencionados como cómplices no encausados. No hubo ninguna acusación de
conducta ilegal, porque ni la policía ni las autoridades judiciales
encontraron fundamento alguno para hacerlo. Y es que no había tales
fundamentos.

En el caso de España, la pretensión de involucrar a directores del
Opus Dei en procesos judiciales relacionados con la causa seguida
sobre Rumasa fue desestimada. El 11 de mayo de 1989, el juez central de
instrucción número 3 de la Audiencia Nacional acordó el archivo de la
denuncia presentada. Realizadas las oportunas investigaciones en España y
otros países, y oídos los testigos presentados por el querellante, el
Ministerio fiscal solicitó que se archivase la denuncia por no encontrar
motivo alguno que justificase la acusación, decisión finalmente adoptada
por el Juez Instructor.

Lo que el autor ha hecho aquí es rastrear las especulaciones sin
base y los rumores que rodearon a estos incidentes, al tiempo que ignora
los hechos de su desarrollo judicial. Pero los hechos, entonces como ahora,
hablan por sí mismos.

C. Actitudes contrarias a la fe, a la moral y a la autoridad de la
Iglesia

1. Acusaciones de ser una “secta”

El autor define a las sectas como “un movimiento entregado a una
creencia herética y a menudo a actos y prácticas rituales que se apartan de
los procedimientos religiosos ortodoxos”. En la p. 18, y otra vez en la p.
186, compara el Opus Dei con diversos grupos religiosos que parecen cumplir
esa definición: la Iglesia de la Unificación (la secta Moon), el
Conocimiento de Krishna y la Misión de la Divina Luz. Esta afirmación
constituye el eje central de la crítica que pretende hacer al Opus Dei,
como se manifiesta no sólo en el hecho de que le dedique todo un capítulo,
sino además en que toda la obra está encaminada a intentar llevar a la
convicción de que el Opus Dei es un grupo cerrado y que, en consecuencia,
“como secta, no es simplemente menos que católica. Es menos que cristiana”
(frase con la que cierra el libro).

La gravedad de esas afirmaciones salta a la vista: constituye una
acusación que, dada su falsedad, implica una injuria jurídicamente
perseguible. Esa falsedad es, a veces, tan clara para cualquiera que
conozca algo del Opus Dei, que no resulta necesario detenerse a criticarla.
Comentamos, sin embargo, unos cuantos puntos.

Una secta es, por definición, un grupo separado, generalmente de
poco tamaño o al menos replegado sobre sí mismo, que actúa por entero o en
gran parte al margen de la legalidad. Nada de eso se aplica al Opus Dei. La
Obra es una institución plenamente reconocida por la Iglesia católica y
dotada de personalidad civil en todas las naciones en las que trabaja. Las
aprobaciones concedidas por la autoridad eclesiástica lo fueron después de
una cuidadosa investigación: la misma que suele emplear en casos análogos.
Así ocurrió en 1941, en 1943, en 1947 y en 1950, fechas de diversas
aprobaciones. Y este estudio atento volvió a repetirse, entre 1979 y 1982,
con motivo de su definitiva configuración jurídica como Prelatura personal.
El Opus Dei fue erigido como Prelatura personal por Juan Pablo II, con el
parecer favorable de la inmensa mayoría de los obispos de las diócesis en
que la Obra venía trabajando apostólicamente. Entre otros muchos textos, se
pueden citar unas líneas de la Declaratio de la Congregación para los
obispos, de 23 de agosto de 1982, que se refiere al Opus Dei como
“institución que ofrece probadas garantías doctrinales, disciplinares y de
vigor apostólico”. Pensar que una institución que goza de esa plena y
amplia confianza sea una secta, caracterizada además “por una creencia
herética”, es sencillamente ridículo.

El propio autor se ha visto obligado a reconocer que el Opus Dei
tiene un estatuto de legitimidad y plena aprobación dentro de la Iglesia
católica (pp. 186, 193, et passim). Sin embargo, persiste en acusar al
Opus Dei de sostener creencias y prácticas “sectarias”.

2. Medios de formación y dirección espiritual

Resulta oportuno detenerse en las páginas que el autor dedica a
intentar dar un cierto fundamento a la acusación que dirige contra el Opus
Dei de ejercer un control de las conciencias de sus miembros, privándoles
así de su libertad; no sólo porque -como ya se ha dicho- se trata de una
gravísima calumnia que no puede ser pasada por alto, sino también porque
esas páginas manifiestan claramente la manipulación de textos y realidades
que lleva a cabo el autor. Veamos, concretamente, las tres prácticas que
menciona como medio para obtener ese supuesto control de las conciencias:
la confidencia o charla de dirección espiritual, el círculo y la confesión.

a) la charla de dirección espiritual. El autor la presenta en las
pp. 121-123 como una práctica que, de una parte, sería contraria al Derecho
Canónico y, de otra, a la intimidad de la persona. Una y otra cosa son
falsas.

En la p. 121 afirma que el Código de Derecho Canónico de 1917
prohibía en su canon 530 la “manifestación de la conciencia”. En realidad,
ese canon establecía que “a los súbditos no se les prohíbe que puedan,
libre y espontáneamente, abrir su alma a los Superiores; más aún, conviene
que acudan a ellos con filial confianza”. En todo caso, para entender la
confidencia tal y como es vivida en el Opus Dei hay que atender no a la
manifestación o cuenta de conciencia, tal y como se practica en algunas
órdenes y congregaciones religiosas, sino más bien a las charlas fraternas
en busca de consejo o dirección espiritual, ampliamente recomendadas por
toda la tradición espiritual católica, y vividas por muchos cristianos que
acuden a las personas de su confianza para recibir consejo y orientación.

Se trata, en suma, de una conversación sencilla en la que se habla
de materias exclusivamente espirituales y apostólicas, a fin de exponer con
plena libertad las propias preocupaciones y recibir estímulo y aliento, con
vistas a la santificación de la vida ordinaria, que es el fin exclusivo del
Opus Dei: los miembros del Opus Dei la han hallado siempre inmensamente
beneficiosa para su crecimiento espiritual y la paz de su alma. Se pueden
aportar numerosos testimonios en este sentido. La acusación que hace el
autor de que produce “daños psicológicos” carece por completo de
fundamento.

b) El Círculo. De él se habla en la p. 123, asimilándolo a los
capítulos de faltas en uso, ahora o en tiempos pasados, en algunas
instituciones. De hecho -y sin entrar en este momento a valorar esas
prácticas- el círculo que se vive en el Opus Dei tiene otro contexto: se
relaciona con los círculos de estudio, con finalidad formativa, practicados
en muchas asociaciones de fieles y en instituciones de muy diverso tipo.
Consta de un comentario del Evangelio y de una o dos breves charlas (en
total, dura unos cuarenta minutos) sobre algún punto de carácter doctrinal
o ascético. Hay también unos minutos dedicados al examen personal; al final
de ese examen, se permite que, si alguien libremente lo desea, pueda tomar
la palabra para referirse a un detalle del comportamiento que estima que
podría haber cuidado más especialmente, pero siempre que se trate de
detalles externos y no peyorativos, con exclusión expresa de asuntos de
conciencia. Por tanto, describir el círculo como algo encaminado a un
control de las conciencias es desconocer completamente su realidad.

c) La confesión. Se habla de la confesión en las pp. 124-126,
realizando afirmaciones particularmente graves, dada la importancia de este
sacramento. Sostiene Walsh concretamente que los miembros del Opus Dei
tienen prohibido “en la práctica” confesarse con nadie que no sea un
sacerdote de la Prelatura. Esto es completamente falso. Los miembros del
Opus Dei, como todos los demás católicos, gozan de completa libertad para
confesarse con cualquier sacerdote autorizado por la Iglesia. Así lo
establece la legislación canónica y así lo proclamó repetidas veces el
Fundador del Opus Dei, como Walsh no tiene más remedio que reconocer,
aunque quiera quitar luego importancia a esas declaraciones, alegando
textos de Mons. Escrivá de Balaguer que interpreta falsamente como intentos
de mantener en teoría esa libertad, pero negándola en la práctica.

Algunos de los textos que se cita son, sencillamente, falsos (como
el que refiere en la p. 125, líns. 12-15); otros tienen una explicación muy
sencilla, totalmente ajena a lo que Walsh afirma: en ellos, se aconseja a
los miembros del Opus Dei que se confiesen con sacerdotes de la Obra, ya
que pueden conocer más fácilmente su espíritu y sus problemas; o
dirigiéndose a quien pudiera tener la tentación de evitar la confesión con
sacerdotes de la Obra, le advierte que se ha colocado en una situación
falsa, que puede ser signo de falta de sinceridad y le expone a crisis
incluso graves. Pero en uno y otro caso, respetando -y así lo dice
expresamente- la libertad de cada persona y ese núcleo particulamente
íntimo que es la conciencia. Por tanto, la caracterización que hace el
autor de las confesiones en el Opus Dei como “chantaje moral” (p. 128) es
absolutamente falsa.

En todos los textos de Mons. Escrivá de Balaguer aparece siempre un
fuerte impulso espiritual y un deseo de colocar a cada alma ante Dios, pero
nada que tenga que ver con control de las conciencias o anulación de la
personalidad. Al contrario, la dirección espiritual que se imparte en el
Opus Dei tiende, como pueden testimoniar los miles de personas que
frecuentan sus actividades, a fomentar las personalidades individuales,
cada una de acuerdo con sus particularidades.

Conviene añadir finalmente que la insinuación que se hace en las
pp. 127-128 es particularmente intolerable. Con el único apoyo del relato
de una conversación, el autor pone en duda el respeto al secreto de la
confesión en el Opus Dei. El secreto de la confesión constituye uno de los
valores más importantes de la tradición católica y en el Opus Dei se
estima, cuida y vive con la misma delicadeza, al menos, que en todo el
resto de la Iglesia.

3. Uso de poder e influencia dentro de la Iglesia

En varias ocasiones, el autor atribuye al Opus Dei la utilización
del poder -y, específicamente, del poder económico- para conseguir o forzar
decisiones de las autoridades de la Iglesia. Nos remitimos a las
observaciones que hacemos más adelante sobre la configuración jurídica del
Opus Dei como Prelatura personal y sobre el Proceso de beatificación de
Mons. Escrivá de Balaguer.

En esta exposición se comenta también la descripción de supuestas
maniobras del Opus Dei para conseguir esa beatificación mediante el uso de
dinero o influencias. Además de esas observaciones, queremos llamar la
atención sobre el modo en que se aborda este asunto. En la p. 212, por
ejemplo, afirma el autor que el “Opus” ha dicho “¡está en el saco!”,
refiriéndose al proceso de beatificación de Mons. Escrivá. Citar de esta
manera es claramente gratuito e insultante. No hay ningún portavoz llamado
“Opus” y nadie autorizado para hablar en nombre del Opus Dei (que sería lo
único que justificaría esta construcción) ha dicho jamás tal cosa.

Ni el autor ni la fuente de la que ha tomado la cita (un artículo
de Nicholas Perry) especifica el nombre de la persona que supuestamente
hizo este comentario. Las normas habituales de la profesión requieren que
lo hubiera hecho antes de poner la afirmación entre comillas. A menos que
pueda proporcionar ese nombre, sostenemos que esta cita, como muchas otras
cosas en El mundo secreto del Opus Dei, es una pura invención y una
denigración gratuita.

4. Obstáculo contra la unidad de la Iglesia

En las pp. 89-90, el autor describe con notable inexactitud un
incidente ocurrido en el Seminario de Logroño, del que extrae consecuencias
generales sobre supuestos atentados contra la unidad de la Iglesia. Citando
a un semanario de información religiosa -descrito páginas antes como hostil
hacia el Opus Dei (p. 85), pero utilizado frecuentemente como fuente del
libro-, atribuye al Rector de dicho Seminario una serie de acusaciones
contra el Opus Dei.

Bastaba haber consultado el número siguiente de la revista citada
para encontrar una rectificación de la propia revista, en la que -entre
otras cosas- se decía:
– “No es cierto que el informe fuera presentado en la Asamblea
Sacerdotal de la Rioja por el Rector del Seminario de Logroño”.
– Dicho informe, elaborado por un grupo de personas del
Seminario, “no fue integrado en la ponencia del Rector”.
– “La Asamblea no se centró en este tema concreto, sino en una
amplia perspectiva eclesial, dando a luz pública unas proposiciones de gran
interés para la evangelización y la vida de la diócesis”.

El uso selectivo de fuentes aparece aquí en toda su evidencia. Para
contrastar la información, no hacía falta siquiera remitirse a otras
publicaciones o testimonios. Bastaba con consultar el siguiente número de
la misma revista (cuyo director, entonces, era “amigo” del autor).

5. El apoyo de los Papas y la jerarquía católica

Aunque está presente de diversos modos en todo el capítulo VII,
Walsh se atreve a hacer explícitamente, en la p. 200, la siguiente
afirmación: el apoyo jerárquico al Opus Dei “es muy difícil de comprobar”.
Y concluye: “de los Papas anteriores al actual difícilmente puede decirse
que hayan sido entusiastas en su apoyo al Opus, y por cada obispo que les
acoge con beneplácito en su diócesis, está claro que hay muchos que, o no
les aceptan, o no están contentos de encontrarles instalados en su
jurisdicción cuando ocupan sus sedes”.

a. Romanos Pontífices

Adjuntamos una relación no exhaustiva de declaraciones de los Papas
a partir de Pío XII: Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I. No documentamos
las manifestaciones de afecto de Juan Pablo II hacia el Opus Dei, ya que el
propio autor las acepta. Podrían aportarse muchos otros testimonios, pero
nos limitamos aquí a algunos que pueden comprobarse fácilmente en
documentos accesibles (libros y prensa). Lamentablemente, Walsh no aporta
ni una sola referencia de este tipo cuando lanza sus acusaciones.

PIO XII

En 1946, envía a Mons. Escrivá de Balaguer un retrato con una
dedicatoria (cfr. Vázquez de Prada, A., “El Fundador del Opus Dei”, p. 245).

En otoño de 1947, recibe en audiencia a Carmen Escrivá de Balaguer
y Encarnación Ortega (el relato de la audiencia puede encontrarse en
Berglar, P. “Opus Dei”, p. 250).

Recibe también en audiencia al Fundador del Opus Dei. Durante su
pontificado, el Opus Dei recibe las aprobaciones pontificias (cfr.
{passim}, VV.AA., “El itinerario jurídico del Opus Dei”).

JUAN XXIII

En verano de 1954, siendo Patriarca de Venecia, se hospeda en el
Colegio Mayor Miraflores (Zaragoza) y en el Colegio Mayor La Estila
(Santiago de Compostela), donde escribe un autógrafo en el libro de firmas.
(cfr. Gondrand, F., “Al Paso de Dios”, p. 215; Vázquez de Prada, A., “El
Fundador del Opus Dei”, p. 328).

En marzo de 1960, recibe en audiencia a Mons. Escrivá de Balaguer
(cfr. Gondrand, F., “Al Paso de Dios”, p. 215).

Comentarios elogiosos sobre el Opus Dei y su Fundador (cfr. Carta
de Mons. Loris Capovilla, Arzobispo titular de Mesembria, Prelado de
Loreto, al Papa VI, 24-V-78; Berglar, P., “Opus Dei”, pp. 249 y 412).

PABLO VI

En enero de 1964, recibe en audiencia a Mons. Escrivá de Balaguer.
(cfr. ABC -Madrid- 31-X-64; Gondrand, F., “Al Paso de Dios”, p. 232).

En octubre de 1964, entrega un quirógrafo a Mons Escrivá de
Balaguer, en el curso de una audiencia (cfr. Vázquez de Prada, A., “El
Fundador del Opus Dei”, p. 333; Seco, L. I., “La herencia de Mons. Escrivá
de Balaguer”, p. 58; ABC -Madrid- 27-VI-76).

En noviembre de 1965, visita el Centro ELIS (cfr. Gondrand, F. “Al
Paso de Dios”, p. 235-237; Vázquez de Prada, A. “El Fundador del Opus Dei”,
p. 334; “Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer” nº 5).

En junio de 1975, telegrama de pésame por el fallecimiento de Mons.
Escrivá de Balaguer (cfr., por ejemplo, LA VOZ DE ESPAÑA -San Sebastián-
29-VI-75).

En noviembre de 1976, se refiere a Mons Escrivá de Balaguer en una
audiencia general (cfr., por ejemplo, LA NUEVA ESPAÑA -Oviedo- 13-XI-76).

JUAN PABLO I

En julio de 1978, siendo Arzobispo de Venecia, escribe un artículo
en IL GAZETTINO, elogioso para el Opus Dei y su Fundador. (cfr. IL
GAZETTINO -Venecia- 25-VII-78).

b. Cardenales y obispos

Contamos con una relación de 82 declaraciones de Cardenales de la
Iglesia Católica que han manifestado públicamente su apoyo y estima hacia
el Opus Dei. La relación no es exhaustiva.

Podría añadirse, si es preciso, una relación similar con cientos
de declaraciones de obispos en ese mismo sentido. Ante la afirmación de
Walsh -“por cada obispo que les acoge con beneplácito en su diócesis, está
claro que hay muchos que, o no les aceptan, o no están contentos”-, nos
comprometemos a facilitar docenas de testimonios favorables por cada
declaración negativa contrastada de un miembro de la jerarquía católica que
él presente.

Como se ve, tiene razón Walsh al afirmar que es difícil comprobar
el apoyo de la jerarquía católica al Opus Dei. Pero la dificultad -contra
lo que él dice- está precisamente en el abrumador número de declaraciones
de apoyo.

6. Prácticas contrarias a las normas de la Iglesia

Uno de los apoyos de su hipótesis sobre actuaciones contrarias a la
unidad doctrinal y disciplinar de la Iglesia es su descripción de las
prácticas penitenciales (por ejemplo, p. 39).

El espíritu del Opus Dei promueve la búsqueda de la santidad en el
cumplimiento de las obligaciones ordinarias del cristiano, y de un modo
particular en su trabajo profesional.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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