Conocí el Opus Dei desde dentro

-¡Qué tal Pablo, como te trata la vida?

-Muy bien, me caso con mi novia – desde hace siete años- en octubre. Pero quiero decirte  que la última vez que nos vimos estuve demasiado agresivo con vos. Me quiero disculpar y explicarte.

-¿Porqué?

-Estaba en primer año de la facultad. Y ataqué al Opus con todo.

– Me acuerdo, parecías una bala buscando su objetivo.  Y se ríe con ganas.

-¿Sabés que  pasa? Los que nacimos en una familia de supernumerarios, y encima nos mandan a un colegio con esa orientación… Nos parece que nos quieren imponer a toda costa ser de la Obra. Pero ahora cambió la cosa, estaba equivocado.

-¿Qué te hizo cambiar de opinión?

— Bueno, al terminar el colegio, me dieron un trabajo de recepcionista y hacer trámites  en un centro de varones . Me trataron como uno más. Tenía acceso a la cocina, a las publicaciones, le llevaba la agenda a uno de los primeros sacerdotes que vinieron a la Argentina. ¡ Y encima tenía tiempo de estudiar cuando no había mucho movimiento! Todo esto me hizo ver con mis propios ojos lo que era la Obra, no llamarla más “Opus” porque no es su nombre completo y suena peyorativo. Conocer la vida diaria de los numerarios. Me hice amigo de todos y de la Administradora también.

Me mimaron mucho, concurría a los cumpleaños de cada uno y me festejaban el mío. Trabajaba de 8 a 15 h, y después me quedaba un rato en la sala de estudio hasta la hora de ir a la facultad.

Me recibí en cuatro años de una carrera de cinco. Incorporé varias prácticas de piedad, que ya había vivido en mi casa… pero esta vez como iniciativa  propia.

-¿Cuáles te quedaron grabadas?

-Mirá, muchas. Pero darrme cuenta de porqué mis padres rezaban el Angelus a hora, el reclinarme ante el Sagrario con más devoción… No sé, tantas más.

-¿Te sentiste coaccionado alguna vez?

– Para nada, aunque entré a trabajar ”muy vigilante”. Sigo yendo cada tanto a charlar con un numerario amigo cada tanto y a confesarme.

-¿Cómo explicarías tu cambio de actitud?

– Muy fácil, conocí el Opus Dei desde dentro, “desde la cocina” como dice mi madre. Hoy es una gran ayuda para mí. Y me río cuando escucho a otros chicos –que como yo- critican a la Obra sin conocerla o mejor: “sin haber pasado por la cocina”.

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